
Aro se paseaba de un lado al otro de la
habitación, en tres meses había concebido lo que hasta el mismo creía imposible
en un principio. Descendencia, desde
hace solo medio año que se lo había planteado en la cabeza y ahora era el
momento.
Por el pasillo pasaban mujeres con todo tipo
de artefacto, utensilios llenos de sangre, toallas, agua. Salían y entraban del
pequeño cuarto ubicado en el fondo del corredor.
Discretamente poso su mano en el puente de la
nariz, para evitar a toda cosa que su instinto lo traicionara.
Cayo lo miraba sentado en uno de los tanto
sillones de terciopelo que se encontraban en el sitio, mientras que en su mano
descansaba una gran copa, el observaba detenidamente como el liquido carmín se movía lentamente.
-Aro-dijo aun sin mirarlo- hermano mío,
deberías calmarte un poco, no es normal que un vampiro este en tu estado- dio
un sorbo a su copa, lo que causo que la sangre se le quedara en los colmillos.
-lo se- admitió- pero es tan difícil no saber nada.
-¿Qué es difícil?- pregunto marcus apartando
su mirada de la ventana- el hecho que no
sepas el resultado final de tu experimento y el hecho de no saber nada de tu
querida René.
Aro se contuvo de dar alguna respuesta, solo
atino a tensar la mandíbula y cerrar los puños.
Siguió con su distracción mientras esperaba.
Una hora y media después se oyó un grito
desgarrador, seguido por un llanto, casi de inmediato una mujer de unos
cuarenta años entro en la habitación, sus ropas de enfermera estaban llenas de
sangre, sangre de René.
-señor puede pasar, a nacido- la mujer
parecía demasiado nerviosa, tratando a toda costa de no mirar directo a su
rostro, a eso imponentes ojos carmín, era normal estar así frente a un vampiro.
-gracias-
lamento que pronto tendremos que matarte, termino la frase en su mente mientras salía de la habitación.
Corrió y abrió estrepitosamente la puerta que
había visto cerrada desde hace horas.
La habitación había sido acomodada de tal
manera que era en verdad una gran sala de quirófano, los aparatos que en ella
se encontraban era únicos y ni el mejor hospital del mundo contaba con la
tecnología que este poseía.
En el centro de la mesa de operaciones, llena
de sangre y sudor, se encontraba esa mujer tan hermosa como única.
-René- fue lo único que dijo mientras se
dirigía a paso humano junto a ella- ¿Cómo estas?-tomo su mano entre las suyas.
-bien, solo cansada- René estaba mas que cansada, el cuerpo casi
no le respondía, había perdido demasiada sangre en el parto, pero aun trataba
de luchar por su vida, por su hija.
Aro ignoro casi todo el olor que la sangre de
René había esparcido por toda la habitación, impregnando cada rincón con su
aroma. El ruido de maquinas y llanto era lo único que podían escuchar sus
agudos oídos. Dejo la mano de René colgando en el aire.
Se acerco poco a poco a una pequeña cuna en
donde una niña de rizos oscuros gimoteaba; con sumo cuidado Aro la saco de el
lugar y la acuno en sus brazos. La arrullo cálidamente mientras se volvía hacia
René. Los gemidos de aquella pequeña criatura fueron disminuyendo hasta acabar.
-es hermosa- dijo acariciando su pequeño
rostro.
-lo es-alargo un poco las manos para poderla
alcanzar.
Aro la acerco hasta que quedo a su altura.
-su nombre es Isabella-susurro
Pronto su respiración empezó a decaer hasta
que Aro dejo de escuchar su corazón.
-no- dijo mientras daba la niña a una
enfermera, se acerco al cuerpo ya sin vida de la madre. Busco rápidamente algún indicio de que ella
estuviera viva, algo que le diera una oportunidad.
Corrió a todos los humanos que se encontraban
en el lugar.
Cuando no encontró nada acerco su boca a la
yugular de ella pero una mano lo detuvo.
Aro, es demasiado tarde- Carlisle miraba con
tristeza a su viejo amigo- ya no servirá de nada.
Miraba a la madre de su hija muerta en aquel
lugar, si hubiera podido llorar lo hubiera hecho, pero no podía, el sabia que
parte de su experimento podía arriesgar la vida de una persona, pero nunca quizo
arriesgarla a ella.
Pero ahora ya no había vuelta atrás, lo único
que le quedaba como recuerdo del amor que un día conoció, era esa hermosa niña,
su Bella.
Salió del cuarto mientras le era entregada su
niña, camino por el pasillo hasta que entro a la habitación en donde se
encontraban sus hermanos.
Cayo lentamente bajo su cuarta copa de sangre
mientras ponía atención aquella niña que cargaba su hermano.
-vaya, hermano mío, en verdad que tu experimento ha tenido
resultados satisfactorios- una sonrisa surcaba sus labios pintados de carmín.
-felicitaciones- marcus miro en un instante
todo el cariño que se estaba formando instantáneamente entre aquellas dos
personas.
Aro se sentó en el sofá de cuero negro
mientras Heidi y jane se acercaban.
-señor, los humanos están en la habitación
azul listos- Jane parecía algo incomoda al ver como Aro veía a la pequeña entre
sus brazos.
-estupendo, por favor encárguense de ellos-
ni siquiera volteo a ver como Heidi miraba de forma casi asesina a su niña.
Jane asintió y salió casi llevando a rastras
a Heidi, cayo y marcus caminaron lentamente hasta que dejaron solo a Aro.
Pronto los gritos empezaron a oírse desde la
otra habitación.
la pequeña bella empezó a despertarse
lentamente entre gimoteos,
-no temas mi niña, ahora yo estoy contigo y
nadie te va a dañar. Lo juro.- arrullaba cuidadosamente a su hija, como si
fuera una delicada mariposa de cristal que en cualquier momento pudiera romperse.
bueno se que tarde mas que lo debido pero en serio no fue culpa mia!!!! T_T no me maten
en fin a partir de aqui tratare de publicar cada semana un capitulo ya sea de este o de mi otra historia
por que tokita a vuelto!!!!!
2 comentarios:
wow felicitaciones la historia tiene un buen comienzo te felicito espero que en verdad puedas continuar con ella hasta el final.
Gracias
Amor? Experimento? Que pasa aquí? Pobre Bella :c se quedo huérfana de madre al nacer, bueno, al menos tiene a su padre. Eso es algo bueno, no? D:
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