lunes, 25 de abril de 2011

ANHELO DESDE LA OSCURIDAD - CAPÍTULO OCTAVO: “ETERNAMENTE MÍA”






Comenzaba a tornarme un tanto impaciente pero finalmente Jasper llegaría en pocos minutos, me lo hizo saber cuando aterrizó su avión en el Aeropuerto de Manchester y por el tono de su voz, no venía de muy buen humor; los lugares en los que llovía constantemente no eran sus predilectos precisamente, pero eso no me importaba en lo más mínimo “Negocios son Negocios”; además le sentaría bien que se acostumbrara a la lluvia ya que en la península de Olimpic tendría que lidiar con ella a diario.
Así que…eso me hace un buen samaritano... ¿o no?
Finalmente sonó el timbre y abrí la puerta haciendo un ademan a mi asesor  legal y financiero para que entre y así pueda resguardarse de la lluvia. El condenado me llevaba unos buenos dos siglos por delante de edad, pero apenas aparentaba unos diez años más que yo…Si acaso.
Estaba ataviado con unos vaqueros de Armani y una chemisse de Ralph Lauren de color azul marino, unos zapatos casuales de cuero negro que, por la pequeña H que tenían me di cuenta que eran unos Hermes a juego con el maletín que cargaba en su mano derecha. Decir que se veía mal era una gran mentira, pero no perdí demasiado tiempo alabando su forma de vestir ni su estampa; total…todos los vampiros solíamos ser hermosos para atrapar a las presas.
-      ¡Bienvenido, Hale! ¿en dónde está tu maleta? – le tendí la mano y él estrechó la mía con fuerza y educación. Tal cual como era él, todo un caballero crecido en el sur del país pero letal como el veneno de la mamba negra.
-      Gracias, Cullen. Y decidí viajar sin nada encima. Ayer tuve demasiado que hacer y nada de tiempo para preparar equipaje. Así que apenas terminemos aquí compraré algo en una de las boutiques y luego me iré al hotel.
Le palmeé el hombro con camaradería.
-      Sabes bien que tengo un departamento al otro lado de esta ciudad y está totalmente amoblado, no tienes por qué irte a ningún hotel. Aquí no conseguirás nada cinco estrellas a lo que estás acostumbrado. ¡Vamos acepta, amigo! Es lo mínimo que puedo hacer por ti.
De buen gusto Jasper asintió y luego pasamos a la sala de estar, donde tomamos asiento en el sofá.
-      Bien, Edward. Me gustaría comenzar con un repaso a tus propiedades e inversiones, así como a las oportunidades que veo, te serían útiles en cuanto a materia financiera.
Negué con la cabeza.
-      Nada de eso me preocupa en lo absoluto, Hale. Sé que estoy en buenas manos. Y con respecto a las futuras inversiones, mejor me mandas los detalles por correo; a menos que las hayas traído en físico, solo así las leería luego. Hoy no tengo tiempo para ponerme ahondar en los negocios.
Jasper se removió expectante en su puesto y luego me interrogó con vehemencia.
De pronto recordé que el vampiro tenía el don de conocer y manipular los estados de ánimos de todos a su alrededor.
¡Demonios!
Me aclaré la garganta antes de hablar.
-      Bueno…de lo que te iba a hablar era…
-      Estás nervioso, Cullen. Por primera vez en todas las décadas que llevamos conociéndonos te veo así.
-      ¡No empieces con la ayuda psicológica que lo detesto! – dije de manera brusca. Luego me dí cuenta de mi error – Lo siento, Jasper. No fue mi intención hablarte así. Es solo…- él me miraba con el ceño fruncido esperando por lo que le diría - ...Es solo que esta noche convertiré a alguien-Terminé de decir.
Nada. Eso fue lo que pasó por la mente de mi asesor. Absolutamente nada.
Tras un momento de silencio tanto verbal como mental él dijo algo sin pensarlo demasiado.
-      ¿Estás seguro de...querer hacer eso?
Asentí. – Totalmente seguro.
-      ¿Acaso crearás una compañera? – dijo mientras apoyaba los codos en las rodillas mientras seguía con la vista puesta en mí.
-      Sí. – no quería aflojar más detalles pero tampoco creí que él dejara zanjar el tema de una manera tan escueta.
-      Y la chica…eh… ¿Lo sabe?
Negué con la cabeza sin decir nada más.
Jasper se pasó una mano entre las ondas de su cabello dorado a lo Marilyn Monroe y me vio con cierto reproche.
-      Me parece un tanto, o más bien completamente…moralmente inadecuado.-Ella al menos debería saber a que se va enfrentar. – dijo Hale con aires de romanticismo de los años victorianos.
Cosa que me sacó de mis cabales.
Me coloqué de pie de manera automática e hice ademanes que mostraban claramente mi exasperación.
-      ¿Y acaso es más fácil decirle primero? ¿Y si dice que no? – me pasé los dedos entre el cabello y luego seguí - ¿Si se niega la mano? Lo siento mucho, Jasper. Pero no pienso arriesgarme y mucho menos tratándose de ella. Así que, es mía y punto.
Él se puso de pie con tranquilidad y me escrutó con la mirada, pude sentir su influjo de tranquilidad a través de mi cuerpo.
-      No uses tus porquerías sedantes conmigo. Sabes que lo odio. No soy ninguna bestia que necesite un dardo. –dije de manera brusca.
-      Lo siento. – pude escuchar en sus pensamientos y él se dio cuenta de cuánto la había embarrado al decir eso. – Pero aun no entiendo porqué me llamaste para que te aconsejara si ya has decidido lo que vas a hacer con ella.
Me encogí de hombros sin una respuesta suficientemente racional a eso, entonces contesté lo primero que me pasó por la cabeza.
-      Supongo…que como mi asesor en todo, y como la única persona más cercana a mí, aparte de algún otro ser viviente…creí que me apoyarías, aunque sinceramente pensaba hacerlo aunque no me apoyases, sin embargo quería saber lo que opinabas.
En ese momento me odié por mostrarme como una mariposa de jardín. Todo blandengue.
-      No eres débil por contarme esto, Cullen. ¡Yo te considero un amigo!, y esta son la clase de cosas que hacen los amigos. No te preocupes.
-      Se supone que el que lee las mentes soy yo.
-      Sí. Pero olvidas acaso que, ¿El que lee y manipula emociones soy yo? – ironizo con falsa fanfarronería.
-      Siempre eres un engreído bastardo en estos momentos. – dije con una sonrisa de camaradería. No porque me hubiese conmovido sus palabras, sino porque tuve que aceptar que de cierta forma tenía razón.
-Sí. Mátenme por cursi.
Hablamos un poco más acerca de cómo iba a proceder y para cuando había fijado la fecha del codiciado momento. Se quedó petrificado cuando le dije que era esa misma noche, jah…como si fuese muy difícil imitar una maldita roca gélida.
La conversación se extendió bastante, y después de dos horas tuvimos que darla por terminada.
Proseguí a arreglarme para salir a buscar a Isabella y traerla a la casa y a la “vida” que de ahora en adelante serían suyas…y por extensión mías también.      
-      ¡Edward! – dijo mi Isabella cuando aparecí en su puerta casi de improviso.
Digo “casi”  porque si bien ella sabía que iría por ella para llevarla a mi casa, pues no estaba informada de la hora a la que acudiría.
Eran las siete más cuarto cuando atravesé el umbral de su puerta con la sonrisa más resplandeciente que me broto del alma, si es que tengo una. Al fin y al cabo eso no importaba pues dentro de pocas horas finalmente estaría completo. Tendría a Bella por toda la eternidad.
Sería mía y solamente mía.
Se encontraba vestida solo con una bata de salto de cama color verde turquesa, se ajustaba de una manera exquisita a cada curvatura de su cuerpo, el cual también seria mío muy pronto.
Para ella no pasó desapercibido que la estaba mirando con deseo.
-      Amm…este…aun no termino de arreglarme. – cuando subí mis ojos a su cara me percaté del rubor adorable que había en sus mejillas. Sentí que algo se estremeció en mi zona sur pero tuve que aferrarme a mi autocontrol.
<<…solo espera un poco más…solo un poco más y podrás tenerla como la has querido desde el primer momento…>> me repetía a mis adentros.
-      Siento si te incomodé…-¡Si, claro! - es solo que…tener una Venus cerca de mí y no admirarla es bastante difícil.
Bella se sonrojó más y se acercó a mí para depositar un casto beso en mis comisuras.
-      Gracias eso es muy halagador. – musitó en tono bajo. – Voy a terminar de arreglarme para que nos vayamos a tu casa. ¿Sí?
<<Dirás Nuestra Casa>>… - Sí, vamos a mi casa. Puedes llevar algo si quieres pasar la noche conmigo. – dije en tono sensual.
Y como réplica a ello recibí una respuesta que me causó una erección instantánea.
-      Esta noche la pasaré contigo, Edward. – dijo Bella con la mirada más abrasadora que me había dedicado hasta el momento.
<<Dios, Esta…y las que vienen, mi Bella>>.
En cuanto llegamos la dejé ponerse cómoda. Pasó a mí…nuestro dormitorio; solo que ella aún no lo sabía; y se cambió mientras yo esperaba por ella en la sala de estar.
Decir que estaba nervioso es poco. Sentía entumecido cada hueso de mi cuerpo como si eso pudiese ser posible. Creo que de haber podido transpirar de seguro lo hubiese hecho.
Media hora después, Isabella salió luciendo un exquisito babydoll de color blanco con un encaje inocentemente sensual. Lo recordaba muy bien. En una de mis primeras visitas ilícitas a su apartamento me topé con ese y otros dos conjuntos más. Reservé uno para mi “uso personal” por así decirlo.
Isabella se tiñó de un rubor color rosa en sus mejillas y se concentró en mi mirada. Hubiese dado lo que fuese por poder leer su mente en aquel instante.
Le dediqué mi sonrisa torcida favorita antes de hablar, y noté como se quedaba sin aliento.
-      No sabía que la seducción y la inocencia podían comulgar de manera tan perfecta. – me puse de pie y le acaricié su mejilla a lo que su cuerpo reaccionó estremeciéndose – Solo Dios sabe cuánto deseo hacerte mía.
Y maldito fui al decir eso, mi voz ni siquiera tembló.
Ella pareció pasmarse al momento en que dije aquello y luego bajó la mirada.
-      No soy nada especial, Edward. No sé cómo ni por qué insistes en hacerme sentir como si fuese única. Soy una mujer común y corriente.
-      No sabes lo que dices, Isabella.- me pegué a sus labios y hablé entre ellos. – Durante años esperé que apareciera alguien aunque fuese un cuarto de lo que tú eres. Y me alegro de haberlo hecho; de lo contrario puede que no me hubiese dado cuenta de que tú eras la que yo buscaba.
Sus ojos se pusieron vidriosos y casi me arrepentí de haber dicho aquello. Quería que la noche transcurriese entre deseo y eternidad; no con sentimentalismos absurdos. Y no me refería a ella sino a mí.
-      No quiero que llores…- le abracé y deposité un beso en su coronilla. –Quiero que esta noche sea de pura alegría. Ya que será “la primera de nuestra vidas”. – no sé si Bella logró captar el énfasis en mi frase, pero no dijo nada.
Ella asintió y me tomó de la mano. Me guió hasta mi dormitorio en donde se agachó en frente de mí para deshacerse rápidamente de mis zapatos y calcetines. Se anotó unos cuantos puntos al darme un exquisito masaje en los pies que hizo que mi sexo quisiera romper mi bragueta y darse una buena liberada. Luego subió hasta mi camisa de manga larga y despacio abrió los botones de mis puños mientras se sentaba en mi regazo y retorcía sus caderas contra mi erección.
Su roce me envió unas sensaciones que me acercaron bastante a Dios, aunque sabía que estaba muy lejos de él desde hacía mucho tiempo atrás. Pero ella parecía capaz de darle luz a mi oscuridad. Éramos como dos partes de un todo. Lo celestial y lo perverso. Lo divino y lo sacrílego.
-      ¡Bella! –gemí en su cuello y lo mordí con suavidad tentándola, ¡y por todo lo celestial!, que me echen al inframundo si no funcionó.
Sus manos desabrochaban los botones de la parte frontal de mi camisa. Uno a uno.
Halé sus cabellos con cierta rudeza pero no se quejó, por el contrario gimió contra mis labios y allí aproveché para introducir mi lengua y degustar su calidez húmeda.
Nos exploramos…nos compenetramos y nos entregamos. Todo en un beso largo y apasionado.
Cuando me di cuenta hasta donde habíamos llegado, Isabella me tenía abierta la bragueta de mi pantalón e introdujo la mano en mis bóxers para acariciar mi pulsante erección.
Hice acopio de mis fuerzas y la volteé sobre la cama y me deshice con presteza de su sugerente encaje blanco. Unos erguidos y hermosos pezones rosados me saludaron e invitaron a saborearlos.
¿Para qué ser maleducados cuando “esa clase de gentileza” te brota al natural?
Sorbí y besé a mi antojo, disfrutando del manjar que esa piel cremosa me proveía.
-      Edward…me  estás…matando…- dijo en cuanto mis labios se desplazaron de un pecho a otro.
Se arqueó.
-      No, mi preciosa Bella. Solamente te doy placer como no has conocido jamás. – mi ego necesitaba hacer una declaración y optó por ese momento en particular.
-      Jamás. – repitió ella mientras enterraba los dedos entre mi cabello.
Mientras nuestros sexos se acariciaban y mis labios hacían lo propio con sus magníficos pechos, fui percatándome de algo, si dejaba que las cosas siguieran su curso dentro de poco estaría dentro de ella y quizá podría herirla.
No podía permitir eso. Tenía que alejarme…
Pero entonces Bella se frotó firmemente contra mi miembro y acabó con mi raciocinio. Hacia atrás…hacia adelante…luego más rápido…
Ambos jadeamos y nos fundimos en un beso voraz.
Mientras ella me demostraba cuan cerca estaba del orgasmo yo me deleité en el roce húmedo y caliente que me ofrecía su delicada intimidad.
Gemimos sin tapujo alguno cuando alcanzamos el éxtasis juntos y en ese preciso instante mi naturaleza se hizo presente.
La mordí en la yugular y disfruté del sabor de esa sangre dulce que manaba para mí. Al principio grito pero como los espasmos no remitían no se alejó.
Estaba totalmente perdido bajo la seducción del elixir que la sangre de Bella me proporcionaba; pero mi mente forzó a mi cuerpo a despejarse, así que paré de beber y dejé correr mi ponzoña por sus venas. Comenzó a retorcerse bajos mis manos como si se estuviese quemando. Y si al caso íbamos…se sentía de esa manera.
-      ¡Me quemo, Edward! ¡me quemo! – graznó ella entre gruñidos y quejidos.
Acaricié su cabello como si eso pudiese calmar ese dolor. Pero sabía muy bien que esa agonía no la calmaba ¡nada, ni nadie!, solo debía esperar hasta que terminase la transformación.
-      Shhh. – le susurré al oído. – Todo saldrá perfecto hermosa. Todo irá bien. Desde ahora estaremos juntos por y para siempre. Y luego voy a acariciar tu alma con las palabras adecuadas para que entiendas que la eternidad no significa nada si no estamos juntos para disfrutar de ella.
Dicho esto bastaba esperar dos cosas:
Que la agonía de Bella terminara en tres días, y que mi maldita soledad se desapareciera de una vez y para siempre.
De ahora en adelante todo sería perfecto, pues ya tendría lo que quería: A mi bella convertida en una maravillosa inmortal solo para mí y por toda una eternidad.
Ya nada podría salir mal. ¿No es cierto?


Sé que tienen ganas de matarme por tardarme tanto, niñas. Y no les quito la razón. Pero mi tesis me reclama. Cuando salga de eso podré escribir tranquilamente.
Este capítulo se lo dedico a las personas que me dan su apoyo por Fanfiction.net. a todos aquellos que me han incluido en sus autoras favoritas o en sus historias favoritas. No saben lo mucho que me fascina leer cada review que me dejan. Gracias por eso.
Y gracias también a las que se toman un minutito de su tiempo para dejarme un comentario de aliento en mi blog http://themoonssecrets.blogspot.com/.
Para todas…mis eternos agradecimientos y…Ahora es que queda historia ;)
¡Besos!

viernes, 22 de abril de 2011

alma gemela, música




Música



Save all you player
I’ tink we’re lost to day
There’s no morning after
No one’s around to blame


Es extraño como una canción puede marcar tu vida, como una nota puede hacer mella en tu corazón, envolviéndote hasta la parte más ínfima, así ocurrió conmigo cuando era pequeña, aun recuerdo mi primera canción, la primera vez que me pare en un escenario.

Ahora esos recuerdos eran tan lejanos, había perdido todo lo que se puede perder en esta vida ¿de que me servia tener dinero? ¿De que me servia seguir respirando? Lo único que me quedaba era la música que hacia que mi alma vibre con cada acorde que gritaba mi guitarra este mundo fue el que me toco, me dijeron tómalo o déjalo yo lo tome.

Cuando me paraba enzima del escenario dejaba de ser invisible, dejaba de ser esa chica que miraban raro, dejaba de ser una sombra un murmullo en el viento para convertirme en mil voces que me desgarraban por dentro y emergían a la superficie para entonar alguna canción.

Era alguien, dejaba debajo del escenario la miserable chica que se ahogaba en alcohol para no sentir, dejaba de ser esa quimera que se arrastraba en busca de algo de cariño y me convertía en una mujer fuerte poderosa que hacia que todas la miraran.

Y allí estaba yo frente al mundo dándole la cara con micrófono en mano como mi única arma y los gritos que retumbaban en mis pies mientras la voz de mi compañero sacudía el ambiente allí estaba yo con mi banda enfrentándonos a las fieras.

Y entonces lo capte apenas un segundo pero lo capte, su mirada penetrante la misma mirada que sentí noches atrás mientras practicaba esa mirada que me saca el sueño allí estaba él, en primera fila, mirándome como quien mira el sol por primera vez.

Y la batería no golpeaba ni la mitad de fuerte que lo hacia mi corazón sobre mis costillas y su mirada penetraba mi alma pero, no podía mostrarme débil ni flaquear en su encanto yo sabia quien era él

Sebastian Ferrencs lo conocía ya que era uno de los pintores mas aclamados y había asistido a su exposición de arte en Londres sabia a la perfección su fama y mas aun cuando lo vi con mis propios ojos al llevarse a una dama rubia y desaparecer en uno de los pasillos.

No podía permitirme tener ningún encuentro casual con el me dejaría rota lo sabia aun sin tocarlo sin sentirlo me dejaría rota así que continúe con la canción sacándome las cucarachas de mi cabeza el iba a ser mi perdición y si podía lo evitaría a toda costa.

Cuando termino la ultima canción me baje del escenario en toda mi gloria, la dicha siempre duraba lo suficiente para hacerme dormir tranquila así que cuando mis compañeros me ofrecieron y a festejar les dije que no, estaba muy cansada y solo quería descansar con mi guitarra al lado perdida en las notas que flotaban en mi pequeño remanso de paz.

No necesitaba de drogas y ni de descontrol para sentirme bien o para componer alguna melodía, nada de eso importaba puesto que yo alcanzaba la etapa sublime con solo tocar un acorde en mi guitarra.

Camine con el paso firme con la guitarra colgada a mi hombro hasta la puerta de salida en donde descansaba mi moto una de mis otras pasiones, me gustaba sentir la adrenalina y el aire golpeando azotando mi cuerpo mientras conducía a toda velocidad.

La música movía cada terminación nerviosa de mi cuerpo que fundida con la velocidad era como un buen orgasmo. Sin duda la música era mejor amante para mi que cualquier hombre que calentara mi cama.

Me prendí un cigarrillo mientras me subía a mi moto cuando escuche un carraspeo detrás de mi al voltearme un chico me observaba atentamente, por un momento sentí la adrenalina fluir por mis venas.

Conocía esa mirada era el tipo de mi mirada que tenia los drogadictos cuando están perdidos, esa mirada desenfocada y como un animal en toda su extensión, me erguí y me baje de la moto, sin duda estar subida a mi moto me seria mas complicado si tenia que pelear contra el y tampoco podía arriesgarme a que me hiciera caer de mi maquina y se estropeara la pintura.

El se acerco a mi yo lo mire fijamente mientras que con una mana trazaba mi mejilla y me tomaba bruscamente el mentón para hacerme que lo mirara.

_que linda que estas pollita_ dijo con su aliento a alcohol y ese olor a posaran enfermando mi sistema aparte mi cara bruscamente y con una mano lo aleje de mi pero el me tomo con fuerza y con una mano rodeo mi cintura para atraerme a su cuerpo.

_aléjate de mi_ dije con toda la calma que poseía pero el se carcajeo y yo me enferme en ese momento quise alejarlo una vez mas pero me tomo de los cabellos haciéndome doler ya me estaba cansado de este juego y justo cuando iba a propinarle un buen golpe una voz dura lo saco de su transe haciéndome saltar a mi también.

_idiota la señorita dijo que te alejaras de ella_ lo mire atentamente al hombre que se acercaba a nosotros, sus hombros anchos su andar seguro su metro 95 de estatura su cabello oscuro cayendo sobre sus ojos algunos mechones sus ojos azules con ahora ese deje peligroso y esa sonrisa que prometía problemas, él era el monumento a la perfección en cuanto a hombres su complexión corpulenta te causaba entre miedo y placer, Sebastian Ferrencs había echo acto de presencia.

_ ¿y tu quien demonios eres para decirme que tengo que hacer? Además a esta pollita la voy a educar_ dijo el asqueroso mientras me daba una palmada en el trasero mi mirada fue gélida y entonces escuche la suave y varonil risa de Sebastian.

_ no debiste hacer eso_ dijo y acortando la distancia le propino un golpe en los riñones y otro en el rostro que provoco que la sangre del drogado casi lo salpicara en un segundo lo redució a nada y mientras colocaba su zapato en la entre pierna del sujeto y se la estrujaba su sonrisa jamás desapareció, con una mano movió su cabello hacia atrás.

_ te lo voy a explicar en palabras claras cucaracha la próxima vez que te vea cortare tu amigo y te la pondré de corbata ¿captaste el mensaje?_ dijo ejerciendo mas presión en la parte blanda del sujeto que se retorcía de dolor en el piso y emitía un chillido parecido a un si.

_haber no te escuche ¿entendiste?_ dijo y ahí el sujeto usando toda su poca capacidad le dijo un si que sonó a gritito de mujer entonces Sebastian paro de ejercer esa presión y me miro directamente su mirada llameaba pero había preocupación en sus ojos.

_ ¿te encuentras bien? ¿Te hizo daño?_ pregunto y yo lo mire atentamente.

_ estoy bien, no me paso nada_ le dije y el respiro tranquilo mientras volvía a hacer ese gesto tan sexy pasándose los dedos por su cabello.

_ ven te llevo a tu casa, por cierto soy Sebastian ¿y usted señorita?_
Me dijo mientras depositaba un beso en mi mano, sentí un cosquilleo como una corriente eléctrica atravesar mi cuerpo con su contacto y me costo reaccionar.

_ estoy bien en verdad además tengo mi medio de transporte, muchas gracias y me llamo Abril_ le dije mientras me encogía de hombros.

_ Que hermoso nombre pero no podría dejarte aquí no es de caballero dejar que te vuelvas sola ven carguemos tu moto en mi camioneta_ me dijo y yo respire resignada sin duda el no me dejaría marchar.

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bueno paso tiempito no? se acuerdan de esta historia espero que les guste la explicacion es facil es desde el punto de vista de abril espero que les guste y dejen sus comentarios saben que son el alimento de cada historia :D se las quiere cuidence y que tengan felices pascuas coman mucho chocolate :D



sábado, 16 de abril de 2011

Odio Amarte Tanto. Capítulo 9: Mientes tan bien

Capitulo 9

Mientes Tan bien…..

Pov Bella

Y de nuevo estaba como hace algunas noches, solo que esta vez me sentía bien por tenerlo tan presente. Sin embargo aun seguía intentando alejarlo de mis pensamientos para conciliar el sueño. Más cada vez que cerraba los ojos él estaba allí, en mi mente, mis visiones de Edward eran tan vividas que, incluso podía sentir sus manos gélidas sobre mi piel, deleitándome.También, lo escuchaba en mi cabeza, su fascinante voz profiriendo una y otra vez mi nombre en un suave susurro, Lo suficientemente letal para evitar que descansara…

No me lo podía sacar de la cabeza por más que quisiera, era tan frustrante…

Debía levantarme mañana temprano para ir al instituto y no me parecía muy agradable llegar con unas sombras purpuras bajo mis ojos. Aunque debo confesar que la opción de dormir un poco en la aburridísima clase de física de la señorita, Landz sonaba tentadora, pero cuarenta y cinco minutos de sueño no eran suficientes para reponer todo el tiempo que llevaba despierta a causa de Edward. No acudir al instituto tampoco era una opción, ya no tenía a Charlie vigilándome, sin embargo debía demostrarle a Aro que era una chica responsable. Además, Ángela y yo estábamos obligadas a presentar una exposición sobre “Global Warming” en clase de biología, y no creo que ella me perdonara por faltar a una de las clases más importantes del periodo. ¿Qué escusa le iba a dar?

-Eh… Áng, perdóname por mi inasistencia. Pero un vampiro, me estuvo robando el sueño toda la noche…-si que estaba mal…Era un error, podía apostarlo, más luchar contra lo que sentía, era imposible, los sentimientos son fuertes, siempre lo he sabido, demasiados fuertes para conseguir erradicarlos de la noche a la mañana, el odio, el amor… ambos eran fuertes, pero cuando el corazón se resistía a odiar, qué se le podía hacer, la razón no era lo suficientemente poderosa para dominar al cuerpo.

Y si que mi cuerpo estaba perdido… perdido en él. Nadie nunca me había hecho sentir lo que Edward, ni siquiera Alec, en nuestras escasas noches de lujuria y pasión, (dos únicas noches, ya que estaba en juego mi vida y él no quería ponerla en riesgo) y Edward, con tan solo una caricia, un roce en la mejilla, su aliento cerca de mi cuello o de mi boca, enviaba miles de sensaciones fuertes dentro de mi ser. Sensaciones inexplicables, pero que me llevaban a un alto grado de locura… me preguntaba cómo sería cuando pudiera en serio apoderarme de sus labios, sentirlos sobre los míos… ¿mi corazón lo soportaría?, comencé a sentirme repentinamente acalorada y con las mejillas encendidas…

Unos golpecitos en la puerta me sacaron de mis alucinaciones, los reconocí de inmediato, era Heidi y su particular forma de tocar la puerta. Oh Dios!, no podía permitir que ella me viera así, ella me conocía muy bien y no dudaría en interrogarme sobre lo que me tenía con las mejillas encendidas. Me apresuré a abrir rápidamente las ventanas, para que entraran las frías corrientes de aire que emanaba la noche oscura y así poderme refrescar un poco. luego abrí la puerta.

-Supuse que estabas despierta.-me dijo, sonriendo en la entrada, la invité a pasar con un asentimiento de cabeza. Traía una bolsa de lo que supuse que eran chocolates rellenos de sabores frutales, en su mano izquierda, y en la derecha un vaso transparente que contenía un líquido color gorgoña.

-Siéntate.-la invité con un ademan de mano, señalando la butaca del piano. El ático no poseía de muchos lugares para tomar asiento. Heidi tomó asiento, y me ofreció la bolsa de chocolates. Busqué a tientas mi chocolate favorito, relleno de frutos rojos. Lo desenvolví y acto seguido, me lo metí a la boca.

-¿Qué bebes?-quise saber, explotando el chocolate en mi boca en una masticada. El liquido rojizo se esparció por toda mi boca deleitando a mis papilas gustativas.

-Sangre.-me respondió con simpleza. El líquido en mi boca comenzó a perder el encanto, hasta me supo a sangre. Hice un gesto de repulsión.- fue un recuerdo de mi cita con Eleazar.

-¿Almacenaron sangre de ciervo?- le pregunté

Ella sonrió, mientras yo intentaba contener los restos de la cena de hace unas horas dentro de mi estomago.

-No tontita. Esto es sangre humana, no de ciervo.- la ola de nauseas me golpeó más fuerte.

-Pero…. ¿Cómo la consiguieron?

-Nos colamos en el hospital y tomamos prestadas unas cuantas bolsas de sangre.

-Estás loca.-le reproché atónita por su acción irresponsable. A Heidi a veces se le corría el Shampoo, pero de eso a cometer un robo, ya era demasiado.-Sabes que la policía puede estar buscándote por esto!.

-Descuida Bells. Eleazar sabe muy bien como cometer este tipo de asaltos, no dejamos ni huella en el hospital.-me respondió ella muy tranquila.

- ¿Aro ya lo sabe?.- le pregunté

-No. Él Marco y Cayo están en una gala de beneficencia que organizó que organizó la academia de Artes en donde Cayo trabaja.

-¿Se los dirás?-ella negó con la cabeza.- ¿y los demás?

-Ellos no dirán nada, Bells…somos los tres mosqueteros y entre los tres mosqueteros se jura lealtad a los miembros de la sociedad.- asentí un poco más relajada. A Aro no le iba a gustar que su pequeña Heidi anduviera asaltando hospitales con un Cullen. A pesar de no ser su padre el le profesaba a ella cierto afecto muy profundo y paternal. La observé fijamente y me dí cuenta que en sus ojos comenzaba a formarse un toque rojizo.

-Oh cielos!...

-¿Qué ocurre?

-Tus ojos… se están tornando rojos…

-Demonios!-exclamó ella.-se me habían olvidado por completo.- ¿y ahora?

Los ojos marrones con un leve ápice rojizo de Edward la noche en la que el bar estallo en llamas vinieron a mi mente.

-Lentes de contacto.-le propuse.-Edward los usó la noche en el bar para disimular un poco el color rojo de sus ojos… quizás tu puedas usar los tuyos.

-Son azules.-gimió ella. A Heidi siempre los había preferido de ese color ya que al mezclarse con el dorado de sus ojos y creaban un verde algo extraño, pero que se veía bien, los usaba cuando se hartaba del café dorado.- como resultado tendré un color purpura.

-Es preferible que el rojo.

-Tienes razón admitió-iré a buscarlos en cuanto acabe con este delicioso vaso de sangre.- tomó el vaso y bebió de su contenido

-Aleja eso de mi vista.-le pedí desesperada,- no creo que aguante mucho las nauseas si sigues bebiendo esa cosa.

-Está bien…-alejó el vaso colocándolo en un área que no alcanzaba mi perspectiva.- si que odias verme feliz…

-Lo siento… - ella me sonrió.- pero no me acostumbro a la dieta de los Cullens y a su original forma de beber sangre. Son asesinos… cuanta gente no morirá en sus garras… Volterra debe tener un alto índice de mortalidad.

-A propósito de Cullens, ¿dónde está nuestro tentador Eddie?, pensé que saldrían juntos esta noche.- las preguntas de Heidi me recordaron que Edward hacia también parte de aquellos que yo llamaba “asesinos”, a veces se me olvidaba el “insignificante” detalle de que él sobrevivía gracias a la sangre de mi raza.

-No lo sé.-le respondí con sinceridad.-luego de que le propuse que saliéramos, sonó su móvil y él tuvo que irse…

-¿Te dejó así nada más?

- Fui yo quien se fue…-Heidi gruñó

-Me esforcé mucho en ti… para que él se atreva a rechazarte la invitación-espetó molesta

-Él no me rechazó, o eso creo…

-¿por lo menos se despidió de ti como se debía? Un beso apasionado, un abrazo, o algo más…

-Nada Hei.., solo le dije que saliéramos mejor en otra ocasión, giré sobre mis talones y me dirigí de vuelta a la casa. Edward no me detuvo.

-Dios!, tendré que reprocharle por eso… cómo se atreve a dejarte ir con semejante vestido, con unos labios perfectamente delineados con brillo labial, listos para besar, ¿es gay o está ciego? Mike Newton no hubiera desaprovechado la oportunidad- me reí ante su comentario. Mike hubiera querido hacer incontables cosas con mi cuerpo, menos dejarlo ir.

-No lo sé Hei…Edward es un libro de misterio totalmente sellado. No tengo ni idea de cómo funciona su mente…- lo único que sé es que él se ha convertido en una necesidad, tanto cómo el aire que respiro.-Heidi se quedó en silencio, algo muy inusual en ella. Era el tipo de persona que siempre tenía algo para contar.

-¿Qué sucede?

-Shh.- me calló. Obedecí y me callé por unos segundos, más su siguiente par de palabras alborotó mi curiosidad:

-Maldito perro!.-dijo con rabia en la voz.

-¿Qué sucede Heidi, quiero saberlo, ahora!-le supliqué.

-Ve y mira por la ventana.- me dijo. ¿la ventana?, ¿Qué pasaba afuera, para que ella se estuviera así de furiosa?. Me puse de pie y avancé hacia la ventana sentí los pasos de Heidi cerca de mi. Ella murmuraba cosas inteligibles.

-¿Qué pasa con la ven..- y en ese momento lo vi, o mejor dicho los vi, la chica de cabello rubio fresa a la cual Edward se le había enfrentado en la mañana para defenderme, ahora se apoderaba de sus labios, y él muy feliz le agarraba el trasero con su mano derecha, mientras que su mano izquierda estaba ocupada en la espalda de la vampireza, tazando su piel por debajo de la blusa de ella. Primero fue la oleada de rabia, luego la de arrepentimiento, seguida por la más grande de la que pensé haberme librado, tristeza, me sentía tan usada, era parte de un maldito juego!, el solo me usaba para apagar sus deseos mientras que la chica rubia estaba ausente.

Las gotas saladas amenazaban con caer por mis mejillas, pero no se los permití. No iba a llorar por él… no valía la pena derramar ni las mínima gota.

-Bella, lo siento tanto.-me dijo Heidi a mi lado, colocó una mano en mi hombro mostrándome su compasión- se que de verdad él…

-Él nada Heidi!... ¿me entiendes?, nada!- le grité con rabia.-Edward Cullen no es nadie!- me fui derrumbando lentamente en el piso hasta caer en él. Me senté con la cabeza en mis rodillas y comencé a gimotear, me dolía el pecho, el corazón, la cabeza me daba vueltas, sentía que me faltaba el aire… sentía que pronto iba a desmayarme. Heidi se arrodilló junto a mi e intento reconfortarme, mi cuerpo temblaba y ella intentó cubrirme con el suyo en un intento vano de darme calor.

-Bells, cálmate…te va hacer daño.-escuché que la puerta se abrió de golpe, pero no levanté la cabeza para ver de quién se trataba.

-Lárgate!.-le dije a quien quiera que fuese. No quería que me vieran en este estado, no quería que me vieran con lastima.

-¿qué pasó?-reconocí la voz de Demetri.

-Demetri no es el momento, vete por favor.-le pidió Heidi.-Bells quiere estar sola….- El hizo caso omiso a las palabras de mi mejor amiga y continuó avanzando hacia mi.

-¿Bella…. Qué te hizo?-continuó. Un momento, cómo Demetri se había enterado de que Edward era el causante de esta pena.

Es obvio Isabella…. El ya observó el showcito que está haciendo Edward abajo. Y por como lo miras… es evidente de que él ya se coló en tu ser.

- Nada!.-respondí fríamente.

-Dime que te hizo ese cabron Isabella, para irle a matar...-dijo con un tono amenazador. Aunque dudaba que Demetri pudiera hacerle daño a Edward, él era solo un indefenso gatito al lado del león feroz.- Dímelo!

-Que parte de no me hizo nada no entiendes!-grité, alzando la voz.-ahora vete! Quiero estar sola.

-Ya la oíste- me respaldó Heidi.- Quiere que te vallas, Dem.…

-No me iré. Necesito hablar con Bella. Heidi, por favor dejános solos.

-No dejaré a Bells sola en este estado… ¿qué clase de amiga crees que soy?

-Te lo estoy pidiendo por las buenas Heidi Vulturi…

-No me iré Demetri, el que está sobrando en está habitación eres tu!.-replicó Heidi

-Te vas, o le diré a Aro en cuanto llegue, sobre tus actividades nocturnas, así que… ¿qué prefieres?.- No!, no iba a permitir que Heidi se metiera en problemas con Aro por mi culpa.

-no me iré.-insistió.

-Vete.-le dije.-por favor hazlo. no quiero que te metas en problemas con Aro.

-No Bells, no permitiré que este que se hace llamar mi amigo me chantajee de esa forma.- el rostro de Demetri se entristeció. él estaba sufriendo en silencio por las palabras de Heidi, para él aquellas frases eran dagas afiladas empapadas de veneno. Todo por qué… por que la amaba en secreto, pero con todas las fuerzas de su cuerpo y corazón, que si el amor moviera montañas, el amor que el le profesaba movería el mundo entero sin embargo; no bastaba amarla tanto, ya que su pobre corazón lastimado le impedía comunicárselo. Demetri no quería sufrir más y al saber que Heidi solo lo consideraba como un amigo, mas miedo le daba de salir de esa asquerosa jaula que mantenía atados todos sus sentimientos. yo Era la única que conocía los sentimientos de él hacia ella, ya que yo era muy perceptiva y en su mirada, podía captar ese brillo de amor inconmensurable en su mirada cada vez que se dirigía a Heidi.

-Está bien, me voy. Pero quiero que te quede claro, Demetri, que desde hoy. Tu dejaste de ser mi amigo, para mi eres invisible!.- afirmó furiosa, cerrando de un portazo.

-No quiero hablar contigo.-le dije de antemano antes de que comenzara a decirme “Te lo dije”, esas eran las ultimas palabras que quería escuchar en este momento. de que me servia que me dijeran lo que ya sabía y que tanto daño me causaba.

-¿Qué te hizo ese cabron?-volvió a preguntar, como si no supiese otras palabras.

-Ya te dije que él no me hizo nada!.-respondí irritada desviando la mirada. Era una pésima mentirosa, él se daría cuanta al instante si seguía con aquellas calumnias.

-Nada… como un nada puede ponerte de esa forma. Te desconozco Isabella- admitió con decepción.

-es Alec.-mentí.

-¿Alec?, qué diablos tiene que ver Alec en todo esto.

-Encontré algunas fotos en una caja de zapatos, que me hicieron recordar muchos momentos-Señalé la caja de zapatos colmada de fotos mias y de Alec, que planeaba guardar en su habitación a primera hora de la mañana, para no hacerme daño.- lo extraño tanto, Dem.…

Ojalá alec, no me fuera a jalar los pies en la noche por andar jugando con el asunto de su muerte y usarlo para cubrir la decepción amorosa que tenía por su asesino. Si que estaba mal… muy mal…

Demetri pareció creérsela, se acercó hacia mi para darme un abrazo reconfortante. Me sentí mal por mentirle, pero no podía confesarle, por más que quisiese, lo que sentía o lo que siento por Edward. Sinceramente no tenía idea de lo que sentía, mi cabeza, mi corazón, estaban hechas un lio,. Una se inclinaba por la razón y la otra por lo que se siente.

-¿Estarás bien?- quiso saber deshaciendo el abrazo.- porque si quieres puedo quedarme un rato más acompañándote.

-No.-dije rápidamente, quería desahogarme sola de mis penas que me avergonzaban, de mis locos pensamientos hacia Edward, de su estúpido juego, que tanto lastimaba. Deseaba llorar, hasta que mis ojos ya no pudieran más y gritar con fuerza su nombre a la nada.- no desperdicies tu noche en mi… mejor, intenta arreglar las cosas con Heidi, sé que ambos se necesitan….- Él asintió cansinamente, por lo visto, ya no le quedaban fuerzas para luchas por ella… sin embargo, asintió y abandonó la habitación.

Decidí que este no era el lugar para desahogarme, habían demasiados oidos atentos sobre mi, así que sin más lugares a donde recurrir, decidí volver a mi casa, la cual estaba lo suficientemente lejos, como para apartarme de mi “familia vampiro”. Empaqué la ropa necesaria, para esta noche, y para mañana en el instituto, no planeaba volver, no quería verlo de nuevo.

Bajé las escaleras a toda prisa con mi mochila al hombro, y con mi bolsa para dormir debajo del brazo. Nadie me preguntó a donde iba, o si volvería. Quizás Demetri ya los hubiera enterado sobre mi estado de ánimo. Traspasé el porche tratando de ignorar a las dos figuras que estaban sentadas sobre las gradas, Tanya subió la voz en cuanto pasé junto a su lado.

-Fue la noche más maravillosa que hemos tenido, Edward. Nunca te había sentido así- una vez más sentí el trozo de cristal roto clavándose en mi pecho, tan fuerte que la sangre, pugnaba por salir a borbotones. Aceleré el paso con una lagrima escurridiza cayendo por mi mejilla. Subí en el monovolumen, coloqué la llave el conducto e hice rugir el motor, mi mirada se fijo en el espejo derecho, y desde allí pude ver una sonrisa satisfactoria de Edward, por supuesto, él estaba disfrutando esto… disfrutaba hacerme daño.

Conduje por las húmedas calles de forks. Aquella humedad, no era comparada con la que caía por mis ojos, afuera llovía con fuerza, pero en mi rostro era mucho más, estaba inundado en lagrimas que descendían una y otra vez por mi mejilla hasta mi mentón. Era mala idea conducir en este estado, más también lo era quedarme en la casa de los vulturi.

Apagué el motor y salí con rapidez del vehiculo, la lluvia caía sobre mi y no deseaba pescar un resfriado. Cuando entre en mi casa sentí aquella sensación de paz, que solo emanan algunos lugares. Si, me sentía bien, por no tener que preocuparme de que los demás oyeran lo que no quería compartir, por estar sola al fin.

No había luz en la casa. por lo que de antemano ya tenía velas en el bolsillo de mi mochila. Me acomodé en rincón, de la sala y encendí una vela, llenando la habitación de una luz calida, extendí mi bolsa de dormir junto a una de las ventanas y me senté sobre ella viendo la lluvia caeracompañada por la lluvia de mis ojos, y una suave melodía de sin bandera que provenía de mi reproductor de música,

Que te quedaras conmigo una vida entera
que contigo adiós inviernos solo primavera
que las olas son de magia y no de agua salada
yo te creo todo y tú no me das nada, tú no me das nada


Que si sigo tu camino llegaré hasta el cielo
tú me mientes en la cara y yo me vuelvo ciego
yo me trago tus palabras, tú juegas un juego
y me brilla el mundo cuando dices luego, cuando dices luego


Cuando dices siento
siento que eres todo
cuando dices vida
yo estaré contigo
tomas de mi mano y por dentro lloro
aunque sea mentira me haces sentir vivo

aunque es falso el aire
siento que respiro

Que casualidad, pensé. Involuntariamente comencé a recitar el coro, y luego me sorprendí cantándola toda.

Mientes tan bien,
que me sabe a verdad
todo lo que me das
y ya te estoy amando


mientes tan bien
que he llegado a imaginar
que en mi amor llenas tu piel
y aunque todo es de papel
hmmm,


mientes tan bien
Cuando dices siento
siento que eres todo
cuando dices vida yo estaré contigo
tomas de mi mano y por dentro lloro
aunque sea mentira me haces sentir vivo
aunque es falso el aire
siento que respiro


Mientes tan bien
que me sabe a verdad
todo lo que me das
y ya te estoy amando


mientes tan bien
que he llegado a imaginar
que en mi amor llenas tu piel
y aunque todo es de papel
-mientes tan bien-
Y aunque todo es de papel...mientes lo sé.

¿Por qué, Edward?,¿por qué tuviste que mentirme?, ¿por qué te ensañas conmigo?, ¿no te bastó haberme a rebatado a Alec? , ¿por qué su maldad?, ¿por qué conmigo.?

Mis ojos llovieron toda la noche, cada lágrima llevaba su nombre, cada suspiro, las ganas de que me despertaran de esta pesadilla, que esto no fuera real. Cada sonrisa, un recuerdo feliz junto a él…. Por más de que lo anhelará con todas mis fuerzas, no me era posible cerrar el libro del recuerdo, que persistía en quedarse abierto para dañarme más. Porque él dolor, cuando es del corazón, es más fuerte…

No supe a que horas me dormí, solo que al final, las ultimas lagrimas clamaban no volverlo a ver. En mis sueños se hizo presente, no destruyéndome, cómo lo hacia en la realidad, sino protegiendo hasta de mi misma.

-Júrame que siempre me amaras.- le presioné juntando sus manos con las mías.

-Lo juro. Juro que te amaré eternamente, juro que serás siempre mía, y te juro que como yo nadie te amará jamás….- me pegó a su cuerpo y justo cuando iba a presionar sus labios contra los míos para concluir el juramento, desperté.

La luz del sol me pegaba de lleno en el rostro, por lo que me sentía sofocada y algo molesta, pero también sentía algo frío sobre mi mejilla. Una rata!, pensé sobresaltada, abrí los ojos rápidamente, me incorporé con velocidad y tomé el bate de baseball, que había traído como arma de defensa personal por si algo ocurría. Sin embargo cuando me giré para ver la bestia peluda que había tazado mi mejilla, para mi sorpresa, lo que me encontré fue un Dios griego de cabello cobrizo, sentado en el suelo, con la mirada fija en mi. Mis piernas se flaquearon y tuve que sostenerme de la pared para no perder el equilibrio.

Él aquí… no. No podía ser cierto… era una pesadilla.

Unas manos fuertes me sostuvieron por la cintura, para que no fuera a caerme de nuevo.

-¿ Te encuentras bien?- quiso saber. Obviamente no estaba bien, y mucho menos con el ahí y con sus manos en mi cuerpo.

-¿Qué estas haciendo aquí?-grité furiosa. No quería verlo… mejor dicho, no debía verlo.

-De hecho yo…. ya me iba.-sentí su frío, pero delicioso aliento sobre mi rostro, a pesar de la distancia. me zafé de sus manos y caminé por la habitación inhalando lo que pude aire fresco, aun no contaminado con su esencia enloquecedora, para pensar claramente.

-No has respondido mi pregunta- dije hostil.-¿ qué haces aquí?

- Pasaba a recoger mis cosas.- me respondió fríamente, desapareciendo el tono de preocupación.,

- ¿Qué cosas?, yo no tengo nada que te pertenezca.-aseguré. Pero de repente recordé el colgante, y la chaqueta negra. También me percaté de que el ya tenia puesto los dos objetos. No! Él no me los podía arrebatar… habían sido un regalo…- Son míos, Edward!, no puedes quitarme lo que tu mismo me diste… no puedes.-Chillé como si aquellos dos objetos fueran de oro.

- Si puedo… porque yo no quiero que tú los tengas.- sus palabras me apuñalearon de nuevo en el pecho.- esto solo me pertenece a mi….

- Edward…-gimotee silenciosamente. ¿Cómo pude haber sido tan idiota?, ¿cómo pude pensar que conservaría esto? Si para él yo no era nadie. Las lagrimas comenzaron a derramasen de nuevo y esta vez, no pude cesarlas.-Vete…- pedí. Fue la petición más dolorosa de mi vida.- si aun te queda algo de compasión hacia mi, te pido que te vallas, que me dejes en paz de una vez por todas y que nunca me vuelvas a dirigir la palabra.

Él pareció por fin darse cuenta de la magnitud del daño que me causaba. Agacho la cabeza ysalió por la puerta principal, como si le dolieran mis palabras. Más yo sabía que no era de esa forma. Me acurruqué de nuevo en mi bolsa de dormir, con el frío de su ausencia, rodeándome con una feroz crueldad.

T_T

Bueno… al fin acabé, con una sonrisa triste por supuesto. Pero no todo es felicidad y mucho menos cuando hay mentiras de por medio. Quiero decirles gracias a las chicas que comentan, por su apoyo, porque aunque el último capi que actualicé no comentaron muchas, cosa que me desanimó un poco, leí sus anteriores comentarios y pude sacar este capítulo adelante. Quiero reiterarles que sus palabras son muy importantes en este proceso, así que aunque sea una palabrita para decir que no les gusto, es importante y cuenta….

Bueno mis niñas le dejo aquí la canción que Bella canta y aunque no hubo POV EDWARD…. Creo que la siguiente imagen demuestra lo que él está sintiendo sin necesidad de palabras. Espero que les alla gustado y hasta la proxima. Las quiero. Besotes!

www.intheheartofthedarkness.blogspot.com Mi Blog!

Koko Cipriano




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