miércoles, 29 de diciembre de 2010

REGALO ATRASADÍSIMO DE NAVIDAD!



“SUEÑOS Y DESEOS NAVIDEÑOS” 

“Navidad…tiempo de amor…tiempo de paz…”! ¡Bah! Qué gran patraña son esas frases.
Es una época para el consumismo desenfrenado, la gula desmedida y la falsa generosidad que le brota a la gente “mágicamente”  durante solo un mes al año.
No me gustaba ser parte de eso; pero lo era. Mi vida, negocio y marido iban estrechamente ligados a las festividades decembrinas.
Tanto mi familia como la de Edward, se dedican a la elaboración de vinos desde muchas generaciones atrás. Pero la de él era mucho más poderosa que la mía.
En una época realmente mala para los viñedos de mi familia; apareció el “santísimo” Carlisle Cullen quien se ofreció a ayudarnos sin un motivo aparente. Y luego de habernos salvado de la miseria, llegó a la puerta con su único hijo y una propuesta de matrimonio.
Mi nombre, Isabella, también única descendiente; hija del modesto matrimonio entre Charlie y Reneé Swan. Ambos eran padres amorosos, dedicados a su familia y negocios por igual, porque no había necesidad de sacrificar el uno por el otro.
O eso creí yo. Hasta que me forzaron a renunciar a mis sueños para convertirme en la esposa del “perfectísimo y guapísimo” Edward Anthony Cullen. Le tuve que decir adiós a mis estudios en la universidad, y a mi muy anhelado viaje alrededor de toda Europa. Yo solo conocía Nápoles, lugar donde nací, crecí, y del que sigo prisionera hasta el sol de hoy.
  • -       ¡Querida, Feliz Navidad! – dijo en tono dulzón “mi esposito” abrazándome por la espalda.
Su toque me regresó a la realidad.
  • -       Ah. Igual para ti. – dije soltándome de su agarre.
Volteé a verlo y el se notaba frustrado mientras pasaba sus dedos entre sus cabellos.
  • -       Ya no sé qué hacer para agradarte, Bella. ¡Lo he intentado todo! – gimió.
Lo miré intentando ser fría. Llevaba un año y medio en este juego de la “arpía sin corazón”. Quería a Edward, me atraía hasta lo inverosímil, pero no dejaba de culparlo por haberme frustrado lo que tenía planeado para mi vida.
  • -       ¿Ya intentaste con una demanda de divorcio? Porque eso sí que haría que me agradaras. Quizás entonces, pueda amarte.
Su rostro se contrajo mostrándome cuánto daño le había infligido con mis palabras. Tragué grueso ante la penosa imagen.
  • -       Ya te lo dije antes…- expresó en lo que apenas fuese un susurro – no te daré el divorcio. No me importa lo que hagas o digas. Eres mía para siempre, lo juraste ante Dios…
  • -       ¡Cállate! – le dije al borde de las lágrimas – Me enfermas, Edward Cullen. Tus cursilerías, tus “detalles cariñosos”, tus conversaciones profundas, en fin…¡Todo tu ser me enferma!
Respiraba agitada tratando de hacer mi teatro cada vez mejor. Y dedo reconocer que lo lograba la mayoría del tiempo.
Con aparente desdén Edward sacó una cajita azul marino de los bolsillos de sus pantalones y la arrojó sobre una pequeña mesa de centro que adornaba la sala de estar de nuestra casa.
  • -       Eso lo sé mejor que tú, Isabella. Y aquí tienes tu regalo de navidad. Haz lo que quieras con él. Úsalo, véndelo, regálalo o bótalo. Al fin de cuentas es tuya.
Y con esa actitud derrotada salió no solo del saló, sino también de la casa.
Ambos teníamos lo que nos merecíamos, él por arruinar mis sueños. Y yo por ser una verdadera bastarda con mi esposo, con lo que fue mi familia, y hasta conmigo misma.



Eran las once y media post Meridian cuando me desperté en esa Nochebuena. El frío descomunal y la incertidumbre del paradero de Edward no me dejaban dormir bien.
Me levanté de mi inmenso lecho matrimonial, tomé la bata de “salto de cama” de seda, que tenía a los pies de la misma y me aproximé a la puerta de la habitación que yo sola habitaba; pues no dejaba que Edward se aproximara a mí; ya que él podía lograr que mis fuerzas flaquearan y termináramos en una sesión de sexo furioso y lleno de necesidad.
Al abrir la portezuela lacé un grito de terror y pánico, una niña; de unos aparentes 10 años, estaba parada tras de esta cual si fuese un film de suspenso.
Me encerré de un solo golpe y corrí temblando hacia mi cama. Pretendía escudarme tras mis cobijas. Como si ellas pudiesen defenderme de lo que sea que fuese esa chiquilla.
  • -       Tus sábanas no te salvarán de tu destino, así como no lo hicieron en tu pasado.
Saqué la cabeza de entre el cobertor y vi con muchísimo miedo a la pequeña que estaba sentada a los pies de mi cama.
  • -       Sé muy bien que así te escondías de lo que te hacía temer cuando eras una niña.
  • -       ¡Auxilio! – grité despavorida, esperando que alguien del servicio viniese en mi ayuda.
  • -       Puedes gritar lo que quieras, pero nadie te escuchará.
  • -       ¿Quién eres tú?
Su sonrisa se amplió.
  • -       Tú, soy Isabella Swan a la edad de diez años.
  • Claro. Me había apartado tanto de mi familia y recuerdos agradables, que hasta me había olvidado de mis aspecto de niña…pero…¡ahora entendía menos!...
  • -       ¿Estoy muerta? – pregunté aterrada.
  • -       No. Pero si no cambias tu actitud, lo estarás en tres años.
  • -       ¿Por qué?
  • -       Un alma atormentada es capaz de desgastar hasta el cuerpo más fuerte.
  • -       No entiendo nada.
  • -       Tranquila. Sígueme y verás de que hablo.

Ambas fuimos a la puerta de la entrada, y en vez de aparecer los hermosos jardines que habían en el exterior, se materializó mi modesta casa de cuando era una infante.
  • -       ¿Qué es esto? – dije mientras veía a Reneé cocinar y cantar, a Charlie trabajar; con sus dos únicos empleados; en la recolección de uvas. Y finalmente a mí, sentada bajo la sombra de un gran árbol mientras leía acerca de Roma, París, Londres y demás ciudades principales de Europa.
Rompí a llorar.
  • -       ¿Qué quieres de mí?
Ella negó con la cabeza y me miró como si estuviese loca.
  • -       Yo no quiero nada de ti. Ya lo tuve todo en mi infancia. “Lo tuvimos”. Así que la pregunta correcta ahora sería: ¿Qué quieres tú de la vida? Soy el fantasma de tu pasado, y te traje para que recordaras cuán feliz fuiste, puesto que los has olvidado.
  • -       Recordar me hace daño.- dije con falsa petulancia.
  • -       Lo hace porque miras con rencor. Anhelando algo que ya pasó, en vez de continuar tú camino. – dijo la niña en tono sabio.
  • -       ¿Qué quieres que haga?
  • -       Quiero que veas algo. Toma mi mano y cierra los ojos.
Y así lo hice. Sentí un cosquilleo extraño en el cuerpo, como si mi entorno cambiara sin yo siquiera moverme.
Cuando abrí mis ojos me lamenté con la escena que tenía en frente. Conocía a ese niño postrado ante su moribunda madre.
Edward lloraba junto a la cama donde yacía Esme; solo la conocía por fotos; en lo que supuse eran sus últimos momentos de vida.
  • -       Edward…no llores. Cielo, siempre estaré contigo…aunque no me veas.
  • -       Pero no tendré a nadie que me quiera como tú…
  • -       Mi amor por ti es único, sí. Pero hay muchas personas que te aman y que te amarán. Tu padre, tus amigos y más adelante…tu esposa.
  • -       Mamá, no es momento de hablar de esas cosas lejanas.
  • -       Pero no por ello es menos cierto, amor. Debes cuidarla y amarla mucho. Como lo hizo tu padre conmigo e incluso más.
  • -       ¿Y ella me querrá y cuidará de mí? – preguntó el niño entre paroxismos de llanto.
Su madre tosió con fuerza, y no fue sino hasta pasado un minuto cuando pudo volver a hablar.
-       Claro que sí…te amará más que a su propia vida. Porque el cielo te mandará todo el amor que ya yo no puedo darte en físico.
Dicho esto comenzó a faltarle el aire. Edward gritaba de pánico y dolor. Carlisle entró para intentar ayudarla; pero todo fue en vano. El alma de Esme dejó su cuerpo desmadejado en las manos de su inconsolable esposo, que no dejaba de repetirle cuanto la amaba mientras que le suplicaba a Dios por misericordia.
Me tapé los ojos; que seguían derramando lágrimas; con las manos.
  • -       ¡No quiero seguir aquí!¡Sácame! – le imploré a la niña que ni se inmutó ante lo conmovedor de la escena.
  • -       Fíjate en la fecha de hoy, Isabella. – dijo en cambio.
Miré hacia un calendario que tenían en la cómoda el cual indicada solo el día, el mes y el año.
  • -       ¿Es navidad? – pregunté horrorizada.
Mi pasado asintió y me respondió:
  • -       Y a pesar de lo traumático que es este día para Edward, él ha querido hacértelo hermoso porque te ama. Y porque tenía la vaga esperanza de que fueses tú quien acabara con sus demonios internos. Pero en cambio te has dedicado a hacer de la vida de ambos un verdadero infierno.
Bajé la cabeza derrotada. Ella tenía razón.
  • No solo estaba amargada yo, sino que con mi carácter había alejado a muchas personas importantes y además hacía miserable a quien se encontrar en un perímetro cercano al mío.
Ella tomó mi mano de nuevo y de pronto todo se puso negro. La escena cambió otra vez.
De repente las afueras del viñedo de mis padres aparecieron ante mí.
Me vi paseando entre ellos, disfrutando del olor fresco de las uvas y de la textura de la tierra bajo mis pies desnudos.
Me veía feliz…e incluso hermosa.
  • -       Mira hacia tu izquierda. - dijo la voz de mi pasado.
Le hice caso y vi a Edward deslumbrado desde el balcón de la sala de estar de mi vieja casa, mientras que yo me mantenía ignorante de su presencia.
Vi por la ventana a Carlisle y a Charlie cerrando el fulano trato que los hizo tan amigos; y que nos había salvado de la ruina.
Luego, sin apenas darme cuenta vi como en forma de película; mis arreglados encuentros con Edward. Lo mucho que me gustaba estar con él, hasta que me dijeron de sus intenciones de matrimonio. Vi incluso el día de nuestra boda. Mientras que él se veía resplandeciente, yo lucía tan gris como una fotografía antigua. Después contemplé escenas de mis peleas con él. Casi siempre iniciadas por mí. En todas le echaba en cara cuanto lo odiaba, le reprochaba que hubiese destruido mi vida y le pedía la demanda de divorcio.
Tal cual como me había comportado horas atrás.
Pero lo más desconcertante e hiriente fue lo próximo en aparecer frente a mí. Imágenes de Edward llorando desconsolado en algún lugar apartado de donde yo estuviese. Lo vi contemplarme dormida, e incluso arroparme y darme un tierno beso en los labios mientras permanecía inconsciente.
  • -       Tendré paciencia, amor. Sé que me quieres; pero eres demasiado terca y orgullosa para admitirlo. – decía mientras acariciaba mi cabello y luego salía del cuarto sin hacer bulla.
  • -       Yo…nunca supe…- balbuceé con el alma rota y una gran culpabilidad a cuestas.
  • -       Claro que nunca supiste de esto porque no te dejaste amar. Solo has menospreciado sus sentimientos para sentirte más feliz con tus deseos egoístas frustrados.
Las palabras de la pequeña me dejaron tan heridas como confundidas, luego aparecí de nuevo en mi habitación.
Me senté es un sillón ubicado en una de las esquinas de mi cuarto, intentando recuperarme del mareo que sentía.
  • -       Cuando te recuperes, me avisas. – me sobresalté al escuchar otra voz, esta vez más adulta.
Es más…la dueña de esta era idéntica a mí. Incluso vestía tal cual como yo lo estaba haciendo en ese momento.
  • -       ¡Sorpresa! – dijo ella en tono de sarcasmo – Soy la voz de tu presente.
  • -       Puedo notarlo. – dije entre dientes - ¿Qué pasó con la niña?
Se encogió de hombros.
  • -       No sé. Se volvió al pasado, se perdió, se murió ..no lo sé. Y no me importa.
La miré con reproche escrutador.
  • -       ¿Cómo puedes ser tan dura y tan mezquina?
Ella se rió en mi cara y luego me enfrentó.
  • -       ¿Soy? ¡Querrás decir: somos! Porque yo soy tú, Isabella Swan. Soy tu reflejo. Si me ves fría y malvada. Es porque así también eres tú, mujer. Soy el monstruo que creaste y no creo que puedas conmigo. Soy demasiado fuerte. Excepto por…
  • -       ¿Excepto por qué? – pregunté desafiante. Negándome a aceptar lo que ella decía de mí.
  • -       Excepto por Edward. – dicho esto me dio la espalda – Él m hace vulnerable. – luego me encaró con rabia - ¡Por eso lo odio!
¿Yo me veía tan falsa cuando decía eso? No lo creía, puesto que solía entristecer a mi esposo con frecuencia.
  • -       No lo odias por eso. Se supone que deberías odiarlo por porque destrozó nuestros sueños.
Ella se rió secamente.
  • -       No seas ilusa, Bella. Te hubieses enamorado y abandonado o pospuesto toso por él. Por estar a su lado; pero lo que en realidad te molesta es que te hace desfallecer a pesar de que intentas mantenerte firme en tu posición de beligerancia.
La miré sin decirle nada. Sin “poderle” decir nada.
  • -       Por eso se merece todo lo que está sufriendo ahora. – agregó macabra.
El alma se me puso en un hilo.
  • -       ¿Qué le está pasando a Edward? – grité poniéndome de pie y acercándome al segundo fantasma - ¿Qué le hiciste?
  • -       ¿Le hice? Que yo sepa fuiste tú quien le gritó cuanto te enfermaba y que querías el divorcio.
Tragué grueso. Ella tenía razón.
  • -       ¿En dónde está?
Mi reflejo espectral tocó mi hombro y de inmediato aparecimos en un mausoleo grisáceo.
Conocía ese lugar, había ido con Edward una vez al principio de nuestro matrimonio. Esme yacía en aquella recámara; y otros de los Cullen también pero yo no los conocía.
Edward estaba arrodillado en frente del nicho de su madre y lloraba a mares.
El alma se me arrugó hasta lo imposible. Corrí hacia él, me postré y quise tomar su rostro entre mis manos, pero estas eran de materia incorpórea y lo traspasaban con cada intento de caricia.
  • -       Ya no puedo más, mamá. He hecho todo lo que he podido para que ella vea que soy digno de su amor. Pero jamás había sido tan cruda y yo jamás había sido tan humillado. Por dios santo que lo he intentado, pero estoy comenzando a creer que ella tiene razón. Quizá debamos divorciarnos, y así Isabella pueda ser feliz. Tal ves entonces me sienta menos miserable.  La amo muy por encima de lo racional, pero no la forzaré a estar con alguien que le es desagradable.
Solo entonces me dí cuenta de cuánto lo amaba, y que no quería ir a ningún lado si no era con él tomados de la mano. Mis sueños eran insignificantes si no tenía su compañía para compartirlos.
  • -       ¡Sí! – gritó el fantasma de mi presente - ¡Seremos libres, Bella!
Apenas y podía dar créditos a los que el monstruo que tenía en frente decía. Sí, yo fui una completa arpía y muchas cosas más; pero el dolor de Edward era mi dolor también.
  • -       ¡Tú no eres mi reflejo! – le dije con asco. Ella me miró desafiante y me puse en pie, dándole la cara – Puede ser que yo haya sido un monstruo durante el año y medio que llevo casada con Edward, pero jamás fui capaz de regodearme en  sus penas. A pesar de que le hacía daño a propósito, también sufría internamente por lo que hacía. Porque aunque lo negaba siempre, le amé; y hoy sé que si tengo que morir para que tú también desaparezcas; lo haré gustosa. Porque él no se merece una basura como lo he sido yo, pero tú eres peor que eso. Eres indigna de siquiera una mirada suya.
El espectro retrocedió ante mis palabras y antes de poder darme cuenta de cómo lo hizo, me encontré de vuelta en mi habitación. 
Pero en esta ocasión había alguien esperando por mí en la cama.
Caminé despacio hacia esta y me horroricé al verme demacrada y pálida. Sin ningún signo vital.
Estaba muerta en mi propia alcoba y sin nadie alrededor. Solo dos frascos vacíos de calmantes y antidepresivos me hacían compañía en el lecho.
La pena me invadió al constatar lo que me había dicho el fantasma de mi pasado: “…morirás en tres años”.
Y se cumpliría…pero ¿en dónde estaba Edward?
  • -       Está en rehabilitación. – contestó la mismísima Esme. Que se aproximaba a mí de manera fuerte, vivaz y hasta hermosa. – Después de que te pidió el divorcio se entregó al alcohol. Aún no se recupera. Y luego de que se entere de esto tampoco lo hará, él no te sobrevivirá, Bella. Tú eras su vida.
Me llevé las manos con horror a la boca.
  • -       Nunca pretendí hacerle tanto daño, se lo juro…
  • -       Mi hijo siempre esperó a la “indicada”, para que esta cumpliera lo que yo le prometí que ocurriría cuando apenas era un niño. Pero me has dejado prácticamente en ridículo al herirlo más que nada ni nadie en el mundo. Y a sabiendas de que no lo merecía…- su mirada era fría y su voz no se quedaba atrás.
  • -       Perdóname. – susurré entre un llanto desesperado.
  • -       ¿Perdonarte, yo? – negó con la cabeza –Eso debes pedírselo a mi hijo, que fue la verdadera victima de esta historia. Y también debes pedírtelo a ti misma, porque con tus acciones lo has herido a ambos. Si Edward te perdona yo lo haré.
Asentí con pena.
  • -       Isabella, dale y date la oportunidad de ser feliz, sin rencores ni culpas. Es todo lo que ambos necesitan para poder estar tranquilos.
  • -       ¿Cómo hago eso?
  • -       Ámalo. Díselo y demuéstraselo. Pero si lo sigues haciendo sufrir…yo misma vendré por ti y te arrastraré hasta las puertas del infierno.
Tragué grueso.
  • -       ¿Por qué fuiste tú quien apareció en mi futuro?
  • -       Eso es fácil de deducir. Porque no había una Isabella en un futuro, porque te echaste a morir luego de tu divorcio. Y porque quería hacerte entender que tienes una oportunidad para cambiar el rumbo de esta historia que involucra un final fatal o feliz para ambos. Y no hay manera de separar esos destinos.
Me quedé en una pieza frente a mi difunta suegra.
  • -       ¿Por qué tienes esta consideración conmigo? No la merezco.
  • -       Porque tu destino lleva el de mi hijo, y te lo dije. Y porque sé que a pesar de todo lo que has dicho y hecho no eres una mala chica.
De pronto sentí como si el corazón apenas me cupiese en el pecho.
  • -       Gracias, Esme. Si Edward me perdona… – me estremecí ante el miedo de que no lo hiciera – te juro que lo cuidaré que a nada y trataré compensarle este tiempo derrochado de manera tan estúpida.
Ella asintió con una sonrisa tirando de sus comisuras.
  • -       Confío en eso.
De pronto todo se fue oscureciendo y no supe ni en donde me encontraba, pero antes de caer en la inconsciencia escuché las últimas palabras de la madre de mi esposo:
  • -       Feliz navidad, Bella. Cuida de los dos.  Te estaré vigilando.
Entonces todo se esfumó.

El reloj antiquísimo que adornaba el pasillo de la casona que era mi hogar retumbó dando doce campanadas. Lentamente fui saliendo de mi sueño e incorporándome en la cama. 
Recordé lo ocurrido y miré a mi alrededor no sin cierto pavor, pero no encontré a nadie. Solo a mí persona tirada sola en una cama inmensa que no había probado nunca las miles de hacer el amor con mi marido. Las escasas veces que habían pasado no habían ocurrido allí.
Me puse en pie sin siquiera ponerme el salto de cama de seda y me dirigí a la sala de estar, llamé una veces a Edward, pero este no me respondió. Aún no llegaba y la preocupación me envolvió de pies a cabeza. No quería que le pasara nada malo.
Bajé mi vista y esta se topó con la cajita azul marino que Edward me había entregado antes de marcharse. Al abrirla encontré dentro una letra E elaborada en platino con incrustaciones de diamantes. Esta pendía de una cadena hecha del mismo material que el dije. Detrás de esta había una pequeña nota escrita a mano en una cartulina de hilo: “Siempre he sido tuyo, desde el primer momento en que te vi. Llévame cerca de tu pecho, como yo te llevo del mío” Edward. 
No pude contener el derrame de lágrimas que vino a continuación y sin perder tiempo me coloqué la cadena que resplandecía a la luz del gran árbol de navidad que alumbraba desde un rincón de la sala. Antes me parecía soso y corriente ahora lo veía como algo hermoso que merecía ser hecho con cariño cada año… pero no hecho por el personal de servicio como una obligación , sino por la pareja que habitaba allí, en una muestra del afecto y de la unión que compartirían de ahora en adelante.

Meditando en ese tema escuché la puerta de la entrada cerrarse, me volví hacia la entrada de la estancia en la que estaba y vi a Edward entrar con sus hombros caídos y los ojos un poco hinchados de tanto llorar. Eso me causó un nudo en la garganta.
Él levantó su vista en cuanto se percató de mi presencia pero no dijo nada.
Corrí hacia él y me colgué de su cuello, escuché el incremento de sus latidos pero aún así solo me abrazó con recelo y no podía reprocharle nada.
  • -       ¿Bella, que ocurre?
  • -       Nada. – le dije escondiendo mi cara en su pecho y sin molestarme en disimular por primera vez el disfrute de su exquisito olor – Me alegra tanto que estés bien.
Él me alejó de sí para verme a los ojos con profundidad.
  • -       ¡Perdóname! – le dije suplicante y no pude esconder el llanto que salió de mis cuencas de manera salvaje – He hecho todo mal. Lo hice así desde el principio, nunca debí culparte por no haber cumplido mis sueños, no tienes responsabilidad en eso. Solo has querido amarme y yo no te lo permití, no sabes cómo me arrepiento de todo eso y más. Porque a pesar de que jamás te lo dije, y de que no quería admitirlo…- le tomé su rostro entre mis manos – Te amo, Edward Cullen. Te amaba desde hace tiempo atrás no había sido lo suficientemente valiente como para aceptarlo. Sé que no te merezco, pero aún así te suplico que no me dejes, no ahora que por primera vez me siento viva. Eres mi vida, y te amaré más que eso.
Sus orbes azul grisáceos se llenaron de lágrimas entonces él tomó también mi cara entre sus manos y pegó nuestras frentes.
  • -       ¡Creí que no lo dirías nunca! Ya estaba dispuesto a darme por vencido y dejarte libre para que fueses feliz.
-       La libertad no me sirve de nada si no te tengo conmigo, Edward. Quiero ser tuya. En todos los aspectos y en todos los sentidos.
Entonces sus labios aplastaron los míos con fuerza y su lengua se abrió paso a la fuerza en mi interior e invitó a la mía a que se uniese a su danza de sensual deseo desmedido. Jadeé unas cuantas veces en su boca mientras que restregaba mi pelvis contra su bajo vientre.
Sentí su miembro endurecerse de inmediato precedido por un gruñido.
Sus manos procedían a despojarme de mi dormilona pero no lo dejé.
  • -       Aquí no, vamos a nuestra habitación. – musité entrecortada por la falta de aire y los latidos erráticos que me consumían.
Edward abrió desmesuradamente los ojos.
  • -       ¿Quieres durmamos juntos de ahora en adelante? – asentí tímida - ¿Esto es para siempre, Isabella? ¿O mañana me despertaré y me dirás que no me quieres y que solo fue un momento de debilidad como me has hecho antes?
No podía culparlo o reprocharle por no confiar en mí, lo merecía, pero de todas maneras le insuflé confianza.
  • -       Esto es para siempre, Edward. Mañana te despertarás y lo único que te diré es lo mucho que te amo y que me encantó que me hicieras el amor como lo vas a hacer ahora. Si es que quieres…
  • -       Que el cielo me cohíba de hacer aquello que no quiero, Bella. Te amo.
  • -       Te amo más que a mi propia vida, Edward. – entonces lo sentí estremecerse ante mis palabras que citaban las de su madre.
No estoy segura de si lo dijo o no, pero me pareció que musitó: - Por fin.
Y nos fundimos en un beso voraz.



Me desprendí de la dormilona que cayó al suelo alfombrado de la habitación y me subí a la cama sin rechistar y sin apartar la vista de los ojos de mi esposo. Él por su parte se había desprendido de su camisa, pantalones y calcetines, solo quedó en sus sexis bóxers color negro, su miembro turgente amenazaba con rasgar la tela de los mismos.
Él también me acompañó en el lecho; por primera vez; y se posó sobre mí haciendo que me estremeciera de deseo. Acoplamos nuestros labios en un beso que no parecía tener un final mientras que nuestras manos avaras poseían cada rincón del otro al que acariciábamos. Mis senos reaccionaban a cada roce de las suyas erigiendo mis rosados pezones para incitar a mi esposo a que disfrutase de ellos; y él no pudo no resistirse a la invitación. Mentiría si dijese que fue delicado cuando los tomó en su boca, puesto que los tomó con fuerza. Solo obedeciendo a esa necesidad que experimentábamos ambos de poseer el cuerpo y el alma de esa persona a la que amábamos y no lo habíamos podido hacer antes por perder el tiempo en nimiedades egoístas.
  • -       Tómame completa…- gemí mientras su boca de desplazaba hacia mi zona sur.
  • -       ¿Y qué te hace pensar que no lo haré?
Entonces su lengua se apropió de mi botón del placer, mientras que mis manos se enredaban en su cabello castaño broncíneo. Quería que esa noche disfrutase él; pero mi convicción se desvaneció en cuanto sus labios succionaron mi intimidad para embeberse de mi pasión. No obstante Edward no parecía satisfacerse con despojarme de mi razón parcialmente, porque introdujo dos de sus dedos y los curvó para hacerme estremecer sin pudor alguno. Gemí su nombre varias veces pero con una adoración que rayaba en lo imposible, lo que generó que él incrementara la velocidad de sus movimientos y me devorara con ferocidad. 
Me vine gritando a los cuatro vientos, mientras que lo único que me sujetaba a la realidad era su cabeza que seguía entre mis piernas.
Por fin se alejó cuando los espasmos remitieron, lo besé sin remilgos de saborearme en su boca, al fin y al cabo eran los restos de mi placer lo que aún seguían en él. Me giré hasta quedar encima y fui absorbiendo la piel de su cuello y pecho entre mis labios mientras descendía camino a su masculinidad que era mi cometido.
Cuando llegué a este, lo tomé entre mis manos y lo acaricié con firmeza y lentitud disfrutando de cada gruñido y gemido que le arrancaba a un descontrolado Edward que se retorcía bajo mis caricias. Él sobaba mi cabello y nuca mientras yo me encargaba de su inhiesta virilidad que estaba caliente y palpitante.
  • -       Te he necesitado tanto…- graznó entrecortado.
  • -       Lo sé…yo también te he necesitado cada condenado día…pero ahora estoy aquí. Solo para ti, y sin ningún obstáculo ni excusa para rechazarte.
Apreté la presión y la velocidad también y no pudo contestarme algo que fuese coherente, pero con sus sensuales sonidos de excitación me bastaba.
Sucumbí a la tentación de tomarlo en mi boca todo cuanto pude y acariciar su miembro con mis labios y lengua, lo que lo trastornó por completo. Y no solo a él. Yo también casi perdí el sentido al sentir por primera vez su sabor en mi boca, nunca lo había besado de aquella manera.
Edward en una muestra de caballerosidad quiso salir de mi boca antes de llegar pero no lo dejé, muy por el contrario me aferré a sus caderas y succioné con fuerza mientras mi lengua daba vueltas alrededor de la cabeza de su pene.
En ese momento pensé que sería bueno darme de tortas contra una pared al haberme negado a un placer tan exquisito como saborear el elixir de mi esposo. No sé si era el amor por él, pero me pareció el líquido más sensual y más sexual que hubiese probado en mi vida. Y me juré que no sería la única vez que lo probaría.
Él me tomó de los hombros sin haberse recuperado de su orgasmo y posicionó nuestras entradas bastante cerca, pero dejó que fuese yo quien  tomara la iniciativa, y no fui sutil ni delicada, sino de un solo movimiento engullí su miembro dentro de mis paredes y comencé un exquisito vaivén que me hizo tirar la cabeza hacia atrás por el deseo que me corría de pies a cabeza.
Me movía de adelante hacia atrás con lentitud disfrutando de la sensación de llenura que me producía tener su sexo dentro de mí reclamando como si fuese la primera vez, lo que por derecho le pertenecía. No solo legal sino también espiritual. Porque él me tenía entera y así sería de ahora en adelante sin reserva alguna.
Cuando nuestros movimientos se incrementaron debido a la necesidad de alcanzar ese placer supremo de nuevo me alejé de él solo un poco; causando un gruñido exasperado que me dio algo de risa; y me coloqué de espaldas a él.
Edward se ladeó y esta vez sentí su miembro recostado a mi trasero. Recargó su cabeza en una mano mientras con la otra acariciaba mis senos y entraba en mí de nuevo. Entonces fui yo la que gemí al sentirlo dentro otra vez.
Me embistió sin mucha paciencia y su mano codiciosa se trasladó a mi clítoris el cual fue estimulado mientras lo recibía una y otra vez. Sin poder evitarlo coloqué una de mis manos sobre la suya que seguía acariciando mi intimidad y así pude sentir cada movimiento que realizaba en ella. Eso fue lo que necesité para correrme diciendo otra vez cuanto lo amaba. Sin querer hacerlo apreté más de lo necesario mis paredes internas lo que enloqueció a Edward y su volcán hizo erupción en mi interior bañando toda mi intimidad de sus fluídos calientes.
Esa noche nos amamos dos veces más y nos dormimos enlazados, como debía haber sido desde hacía un año y medio atrás.
A la mañana siguiente me desperté al sentir unos dedos que rozaban mi mejilla derecha; pues la izquierda estaba recostada de la almohada; abrí mis ojos lentamente y sentí mi corazón sobrecogerme con la mejor vista matutina que hubiese tenido antes. Ante mis ojos tenía al Edward más luminoso que jamás había visto, una sonrisa cegadora colgaba de su boca.
  • -       ¿Lo de anoche fue solo un sueño? – me preguntó divertido.
Yo le sonreí en respuesta antes de pegarme a su cuerpo que seguía desnudo.
  • -       No, amor. También fue un deseo navideño cumplido.
  • -       Pero tengo muchos deseos por cumplir aún. – agregó guiñándome traviesamente un ojo.
  • -       Tenemos toda una vida juntos para hacerlos realidad.
  • -       No pido más. – dicho esto se desplomó en mí para hacerme suya de nuevo.

Y como si hubiese sido un amuleto de buena suerte, días después de nuestro nuevo “comienzo” Edward consideró pertinente una segunda luna de miel. La cual estaba situada en varias de las principales ciudades de Europa. Haciendo realidad mi sueño de una manera aún más perfecta de la que alguna vez imaginé pues estaba con él para compartirlo.
Y con respecto a los estudios…decidí aplazarlos. No creí poder llevar bien un embarazo primerizo en la universidad.


Hola chicas…sé que esto llegó algo tarde, pero me explicaré de manera breve: tenía planeado dejarles esto de regalo el 24 de diciembre, pero mientras lo transcribía recibí una llamada avisándome que un tío había fallecido. Así que no pasé una buena navidad.
Ahora ya estoy de mejor ánimos y mucho de eso gracias a los comentarios de ánimos que he recibido de muchas de ustedes aunque no sabían que pasaba por esto.
En fin, no quiero deprimirlas con mis problemas. Solo quería decirles que espero que hayan pasado la mejor de las navidades y que esta es mi humilde manera de demostrarle cuanto las quiero.
Aprovecho para desearles un FELÍZ AÑO NUEVO..por si no me da el tiempo para actualizar alguna de mis historias antes de eso (y es lo más probable que ocurra)…Espero que reciban muchas bendiciones para el año venidero y mi deseo para el 2.011 es seguir contándome con ese respaldo que me han regalado durante este mi primer año como escritora.
Robpattz y Patch les mandan saludos desde mi camita…jajaja…












8 comentarios:

JuliethA dijo...

primera!!!!
Y SIN PALABRAS... que regalazo de navidad, gracias. Sigue pls publicando y me alegro que estes mejor..

Besos

paty dijo...

Hola gracias por este maravilloso regalo de navidad me encanto
animo y suerte para el próximo año que todos tus deseos se hagan realidad
saludos y abrazos desde México o desde San Antonio tx donde estoy
ahora

Boop dijo...

Estupenda la historia... Me encantó... Leo desde mi celular y al bajar del metro seguía leyendo mientraí caminaba.... Espero que estés de mejor ánimo... Y que el próximo año esté lleno de existos para ti y las demás también, las quiero a todas

yolanda dijo...

Hola Marie!!! q regalazo d nos has hcho a sido una historia preciosa al principio m e quedado muerta con esta bella tan dañina me moria por ntro chico pero luego la tierra a comenzado a girar en el sentido correcto amandose mutuamente como solo ellos saben y todas adoramos...y el lemmon d primera perteneces a ese grupo d escritoras maravillosas q saben contar al dtalle un momonetazo tan intimo sin perder la elegancia..
M.gracias por tu esfuerzo pues la perdida d cualquier ser amado es muy dura..aquí nos tienes siempre a tu lado esperandot fielment y queriendot mucho..Feliz año un bsot enoorm desd madrid

Lily dijo...

Me encanta tu blog :)
Acabo de conocerlo y ya me encanta!
Espero que el 2011 te brinde toda la felicidad, amor, salud y buenos amigos que te mereces.
Que el año nuevo que entra sean 365 días de sueños e ilusiones cumplidas.

¡Un beso desde las estrellas!

Marie Cullen dijo...

dios! me hiziste llorar!!!!!!!!! mucho....pobre edward.... deverias hacer un pequeño fic...:) esres estupenda!!!!! tienes un talento latente...=)

* Marie Kikis Cullen Cipriano * dijo...

Gracias a todas por sus palabras...si pudiera mandarles un regalito a todas las que me han dado una palabra de apoyo desde que llegué aqui y a mi blog..de seguro me quedaba arruinada..ahahaha no mentira...No sé como explicarles lo felíz que me siento cada vez que leo un review de su parte...se les quiere un millón...besos desde Venezuela

alice dijo...

hola de casualidad encontre esta pag y me encanto ahy kreatividad y tambien mucha imaginacion me encanto de verdad espero k sigan los cuentos de esta hermosa pareja k amo

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