jueves, 24 de febrero de 2011
Gritos en la oscuridad, contando secretos parte 2
Capitulo 4: Nuestra primera vez Juntos
martes, 22 de febrero de 2011
Capitulo 7: Tu... Mi debilidad

Capitulo 7
Tu… Mi Debilidad
POV EDWARD
Mis manos se congelaron sobre las de Bella y a mi mente llegaron miles de imágenes desagradables de lo que pasaría a continuación. Era demasiado tarde, no habría tiempo de escapar para mi desgracia tendríamos que afrontarlo. Las voces se escuchaban con más claridad e intensidad, al igual que las ráfagas de viento que creaban al correr muy deprisa y la hojarasca que crujía bajo sus pies.
En un rápido movimiento aferré fuertemente a Bella a mi cuerpo protegiéndola con mis brazos. Podía apostar que de este encuentro inesperado no saldría nada bueno, Temía… si, lo hacía extrañamente, pero no por mí sino por ella. No quería que le hicieran daño, no quería perderla.... Era uno de los mejores guardias del clan Cullen, por supuesto, pero mi mismo trabajo me obligaba a no tener debilidades, y yo nunca las había tenido… bueno, hasta hace un año cuando mi pequeña llegó a mi vida, “Una debilidad”, me dije en ese momento, “no puedo permitirme en tener más”, pero por lo visto Bella se había convertido en la segunda sin que yo lo quisiese.
-¿Qué sucede?- preguntó confundida, me limité a lanzarle una mirada de advertencia, como si con ella pudiera decirle todo el peligro que corría. Tanya era una mujer muy bipolar; podía ser tranquila, y hasta dulce en algunas ocasiones, sin embargo, también podía ser la peor fiera; caprichosa, sádica, vengativa y sobre muy celosa con lo respecta a mi persona, ella creía que nuestra relación iba más allá des ser compañeros en la guerra y en el sexo.
Ella me abrazó con un poco más de fuerza, buscando refugio para sus miedos y a la vez sosteniéndome fuerte para que no me apartara, para que no le dejara sola…
Las dos vampiros aparecieron bajo la sombra de los arboles a unos pocos metros de nosotros, una sola bocanada de aire y sabrían que ella era humana si es que ya no lo sabían. Intenté leer la mente de Eleazar, ya que era imposible leer la de Tanya gracias a esa restricción mental, que yo también poseía. Éramos inmunes a los dones mentales.
Para mi mayor frustración, todo lo que obtenía de Eleazar era “Sangre, sangre y más sangre”, imaginaba tener el dulce sabor de la sangre de Bella en su boca. No pude evitar gruñir de rabia. Jamás… ella era mía, solo mía, y no iba a permitir que le pusieran ni un solo dedo encima. Sin embargo nada en la mente de Eleazar me serbia, todo lo que pensaba me lo esperaba, lo que necesitaba realmente era saber que pensaba la mente perversa de Tanya, qué planes tenia, cómo iba a acabar con Bella; ella le profesaba cierto odio sin motivos a mi protegida desde el primer encuentro, ahora ya tenía los motivos para odiarla y todo iba a ser peor…
-Edward…-dijo Tanya venenosamente. Bella, volteó su cabeza que había estado escondida en mi pecho para verla, se estremeció mientras que sus latidos se iban incrementando. La recordaba… ¿pero cómo no iba a hacerlo?, si fue ella quien le dio la ultima estocada a Alec. Tanya quien me ayudo a destruirle la vida de semejante forma.
- ¿Que hacen ustedes dos aquí? – le interrogué en un gruñido. Tanya se acercó unos pasos, gruñí de nuevo para que se detuviera, no la quería cerca ni de mi ni de Bella.
- Que descortés, Edward-murmuró entre dientes.
- respóndanme!,- exigí fríamente- ¿qué demonios hacen ustedes aquí?
-Visitarte.- Respondió ella con una de sus sonrisas falsas.
No!...
- ¿por cuánto tiempo?-intenté mostrarme un poco relajado, sin embargo, Bella me ponía más nervioso de lo que ya estaba, podía sentir la tensión de su pequeño cuerpo, el miedo, las ganas de salir huyendo.
- Días, semanas… o quizás hasta que todo acabe y tú puedas regresar.
-En realidad,..- interrumpió Eleazar dejando su frenesí a un lado.- solo venimos de paso. Vamos hacia México, pero Carlisle nos ordenó pasar por aquí para ver cómo iba tu situación, y entregarte unas cuantas cosas que podrías necesitar. Tomaremos el vuelo está misma noche…
Bueno… no iba a ser por mucho tiempo, podría cuidar de Bella hasta el anochecer… pasar más tiempo con ella no seria ningun castigo.
Tanya frunció los labios.
-Veo que quieres revivir el pasado…- miró a Bella con desagrado. Me molestó tanto que la viera de ese modo, que tuve que contenerme y recordarme, que ella estaría en peligro si me alejaba para ir con Tanya y arrancarle la cabeza.- ¿concluirás lo que no terminaste?- Bella volvió a esconder su rostro en mi pecho, pude vislumbrar una lagrima que se deslizaba silenciosa por su mejilla.
No, por favor, no… ¿no creerás las palabras de esa víbora, verdad?
-Cállate!-le ordené. Acaricié la espalda de mi Bella reconfortándola, ¿Dónde carajos estaba la entrometida de Heidi cuando la necesitaba, o el tonto de Demetri?, Necesitaba sacar a Bella de este lugar lo más pronto posible antes de que esta rubia ponzoñosa le siguiera envenenando el alma y atormentándola. Además, sin ella presente podría encargarme de ellos dos sin temor a que le hicieran daño.
- Ya te volvieron uno de ellos- aseguró- una nenita sensible que protege a los humanos en vez de matarlos… que rápido y que bajo has caído, Edward.- No quise protestar, en este momento me importaba un bledo lo que Tanya pensara, en vez de eso, trate de agudizar mi oído al máximo intentando escuchar alguna voz proveniente de la casa.
Pájaros, uno que otro conejo, un riachuelo lejano, el suave susurro del viento y… la voz de Demetri y Jane... “Donde está Bella”, “fue a hablar con Edward”, “ Demonios!, Bella es una jodida suicida!, donde están ahora”, “ no lo sé, Edward iba a buscar a los neófitos, quizás se haya ido por el bosque”. Perdí el sonido y la concentración gracias a Tanya quien se atrevió a insultar a Bella está vez.
-y a ti…¿ no te parece bajo meterte con el asesino de tu ex?, por dios!, eres una maldita perra traicionera!- afirmó -Y para que te quede claro, si es que no lo sabias… el ya tiene dueña y soy yo…-añadió. Bella se desarmó entre mis brazos, sus lágrimas no cesaban, caían a cantaros sobre sus mejillas y su cuerpo temblaba. Pero esto no se iba a quedar así, Tanya me las pagaría, le cobraría muy caro cada lágrima que Bella había derramado.
- ¿por qué no te callas?!- le inquirí furioso.-no tienes derecho a hablarle así: primero, porque ella no es nada de lo que tú dices, segundo, si hablamos de perras, lamento decírtelo, pero tú eres la única perra aca, y tercero, yo no soy propiedad de nadie, y mucho menos tuya…-Tanya se quedó boquiabierta, y cuando estuvo a punto de gritarme otra sarta de palabras, Demetri apareció entre los árboles. Era la primera vez que estaba feliz de verlo. Él se colocó en posición de ataque.
-Edward, ¿que pasa?
- Llévate a Bella de aquí!.-le ordené
- ¿Qué pasa?- insistió. Su orgullo y aversión hacia mi, le impedían cumplir mis ordenes aun cuando la vida de Bella dependía de ello.
- No es de tu incumbencia. llévate a Bella!- insistí. Tanya avanzó un poco mas, solo nos separaban unos metros, abracé de nuevo sobre protectoramente a Bella.
- No te la lleves…-interrumpió la maldita.- aun no ha comenzado la diversión- sonrió con malicia enseñando los colmillos, cerró los ojos e inhaló fuertemente el aroma de Bella. Aproveché y le dirigí una mirada de amenaza para que no intentara ningún movimiento a Eleazar y a Demetri unas cuantas y rápidas señales con los ojos para que atacara a Tanya y yo pudiera huir con Bella de vuelta a la casa, allí de seguro estarían los demás, dispuestos a cuidar de ella mientras que yo acababa con Tanya.- Voy a disfrutar mucho beber cada gota de su sangre…
-Ahora!-le indiqué a Demetri quien sin chistar se abalanzó sobre Tanya, tomé a Bella en brazos y me escabullí rápidamente por el bosque de vuelta a la casa Vulturi. Las lágrimas de Bella aun no cesaban, su pequeño corazoncito ya no aguantaba más, y su respiración era agitada, eran demasiadas emociones para ella.
-Aguanta, mi bella, solo unos segundos más y estaremos en casa.- agradecí ser el mas rápido de mi clan, pero me maldecí por tener otra debilidad.-respira profundo y lento.- le indiqué.
Estuve dentro de la casa en lo estipulado, nada me detuvo en mi trayectoria, ni siquiera la puerta de la entrada, la cual derribé con facilidad, se molestarían de nuevo conmigo, sin embargo me valían sus opiniones y, la situación lo requería. Bella estaba a punto de desmayarse.
-¿Edward, que sucedió?- me preguntó Heidi tan pronto dejé a Bella en sus brazos.
-No hay tiempo para explicaciones. Solo… Cuídala, por favor, no le dejes sola ni un momento. Confío en ti-le dije hablando con rapidez, me marché de nuevo rumbo al bosque aun con bella presente en mis pensamientos, y con la creciente preocupación de que su salud iba a empeorar por mi culpa, si era así, no me lo perdonaría jamás.
Llegué de nuevo a la laguna; me encontré con Demetri tirado en suelo, Eleazar a unos pasos con el rostro inexpresivo y Tanya… había desaparecido. Diablos!, no podía creer que Demetri la hubiera dejado escapar, a pesar de todo yo lo consideraba un vampiro fuerte sobre todo cuando se trataba de defender a Bella, por desgracia, me equivoque, y ese error nos iba a costar.. Tanya era peligrosa no dudaría en hacerle daño o incluso matar a Bella, para sentirse satisfecha, ¿por qué demonios la había dejado escapar?.
-¿por dónde se fue?- le inquirí a Demetri, quizás aun podía seguirle el rastro y atrapar a esa arpía.
-No es posible seguirla… su efluvio ya se desvaneció.-dijo este adolorido.
-aquí se desvaneció, pero más adelante podré percibirlo.-repliqué- ¿por dónde diablos se fue, Demetri?
-Maldita sea, Edward. Soy un rastreador, tengo mejor olfato que tu, y cuando te digo que su efluvio desapareció, es porque ya lo hizo!-me gritó furioso.
-No puedo creer que hayas sido tan tonto y la hayas dejado escapar, Vaya guardaespaldas que le otorgaron a Bella.-le dije. Los ojos de Demetri llamearon.
- No me vengas a echar el agua sucia, la culpa de todo la tienes tu, solamente tu. Tu trajiste a Bella hasta este punto del bosque sin ninguna protección, tú y tu sonrisa fácil la sedujeron, la hicieron caer en tus redes, y por ello tu psicópata noviecita quiere matarla!- aunque me doliera admitirlo, el tenía razón. Yo había metido a Bella en todo este lio. Nunca debí haberla traído hasta aquí. No debí permitir que ella y Tanya se cruzaran. No debí meterla en mi mundo, en mis problemas. Sin embargo era demasiado tarde para lamentarse… ella estaba involucrada en mi vida, en mi oscuridad, en el infierno al que estaba condenado. Un ángel completamente perdido en la oscuridad, y lo peor era que yo deseaba mantenerla ahí, en mi vida, aunque tuviera que protegerla siempre, ir contra todo y todos… la necesitaba una infinidad junto a mí para dejarla ir.
Pero, ¿qué iba a hacer ahora después de haberla metido en semejante lio?, ¿cómo la protegería?, ¿ella si me querría como su custodio?, ¿Tanya habría logrado su cometido haciéndola sentir como una traicionera?, ¿quería que la dejara?... tantas preguntas y ninguna respuesta.
^_^
Aquí les dejo el séptimo capitulo, mis niñas. más cortito, pero las recompensaré en el siguiente que estoy segura de que saldrá un más largo.
En compañía de una Super amiga (Lala) estamos haciendo un blog sobre Fan fics e historias... cualquiera de ustedes que tenga una historia ya sea fanfic, u otra...y que quiera publicarla, pero no tiene blog y quiera ser parte del nuestro aquí les dejo mi correo para que me contacten. tatis359@hotmail.com. vamos! animencen a escribir, todas tenemos mucho para relatar ;).
Nos leemos muy pronto
Besos desde Colombia
Tati Gómez
lunes, 21 de febrero de 2011
alma gemela, en el club
domingo, 20 de febrero de 2011
Gritos en la oscuridad, contando secretos parte 1
sábado, 19 de febrero de 2011
Happy Birthday LULLABY!

Aunque no nos conocemos personalmente, siento un gran aprecio por ti. a travez de tus letras expresas la persona especial, talentosa, y hermosa que eres. el solo hecho de aguantarte a todas estas obsesionadas por tus escritos te hace alguien INCREÍBLE!.
Desde Colombia te envío la mejor de las suertes en cada aspecto de tu vida, y muchísimas bendiciones...
Que tengas el mejor de los cumpleaños :)
viernes, 18 de febrero de 2011
feliz cumple
como ya te regalaron muchos edward yo te regalo a jasper mi luliii hermosaaaaa en este dia tu dia especial que reina la felicidad y la armoniaa en tu hogar gracias por la pasciencia que tenes con cada una de nosotras
y el amor que nos bindras porque mi lulaa tenes un corazon gigante como una casa y nos llenas de felicidad a todas te adoramos y queremoss que en este tu dia todo sea felicidad para ti ♥
domingo, 13 de febrero de 2011
one shot, pedasito
¿quieren saber de que hablo? bueno visiten mi blog y podran ver :-D sweet nightmares bueno sin mas las quiero pasense y dejen sus huellitas :-D
sábado, 12 de febrero de 2011
ONESHOOT: “EL AFFAIR DE LA MARQUESA”
- - Niña Bella, el vestido color azul hielo me parece la opción adecuada para vuestro té con el Conde Black ¿no os parece?
- - Nana, no me agobiéis con nimiedades. Dejadme disfrutar de mi baño. – protestó mientras se hundía un poco más en el agua tibia.
- - No son nimiedades, Isabella…
- - ¡Bella, nana!
- - Bueno, Bella. Vos sabéis muy bien que el Conde Black tiene claras intenciones de matrimonio. Y no quiero ser la causante de que se desilusione de tal propósito. Si sus padres estuviesen vivos estarían muy complacidos con este enlace. – dijo ella mientras la ayudaba a salir y le alcanzaba una toalla para taparse.
- - Primero que nada, Nana. A mis padres no les hubiese importado en lo más mínimo si me casaba o si me moría…
- - ¡Isabella Marie Swan…! – bramó Esme.
- - Es verdad. Y vos lo sabéis muy bien. Si les hubiese importado mucho a lo mejor se hubiesen dado a la tarea de pasar más tiempo en casa. Aunque solo fuese cuando me enfermaba. Y eso jamás ocurrió. Ni ocurrirá ahora que ambos están muertos.
- - No habléis así…
- - Lo siento, Nana. Es la verdad. Vos lo sabéis muy bien. – continuó el camino hasta su habitación mientras veía el vestido dispuesto para su cita próxima. Mientras, continuó hablando con Esme – En fin. Lo segundo que iba a mencionaros es que…no es que sea una engreída pero…yo le gusto al conde con o sin vestido. No hace falta andarse con tantos preparativos. - y como una niña traviesa prorrumpió en risas.
- - ¡Dejad de decir tantas sandeces, señorita! La verdad no sé de donde os salen esos comentarios tan obscenos. Parece que os hubieseis criado con una panda de piratas cuando habláis de esa manera tan…
- - Y además os he dicho más de mil veces que no voy a contraer nupcias con alguien a quien no ame. – Bella la interrumpió antes de que pudiese seguir con tu sermón.
- - Pero, mi niña…
- - Pero nada, Nana. podéis corregirme y regañarme con respecto a lo que queráis. Pero en cuanto a mi futuro esposo solo mi opinión cuenta.
- - Pero, Isabella…
- - Ya, nana. Mejor seguidme regañando por ser tan impúdica.
- - ¡Leah! – solicitó Bella mientras se terminaba de colocar las botas de montar.
- - Decidle a Sam que arregle a Twilight. Voy a salir a cabalgar un rato y quiero probar con esta nueva adquisición.
- - ¡Mi niña. Edward ha vuelto! – casi gritaba de la emoción al comunicarle una noticia que no la alegró demasiado pero si le causó curiosidad – Ni siquiera nos avisó que vendría de Londres. ¡Ese muchacho loco no cambia!
- - Ah. Me alegro por vosotros, nana. Me refiero a Carlisle.
- - ¡No podéis culparme por eso! ¡Edward me hizo comer tierra, Esme! Además no hizo precisamente dulce y digna de recordar mi transición de niña a adolescente. ¡Me decía “RENACUAJO”! eso no lo hace digno de mi estima ciertamente.
- - Tranquila, marquesa. No dejaré que el chico malo se burle de vos. – y luego se partió de risa.
- - ¿No vais a saludar a Edward? – preguntó un poco más seria.
- - No me apetece ahora, nana. Me voy a montar. Así que nos vemos en un buen rato.
- - ¡Pero cómo habéis crecido, Edward! Qué alegría volver a teneros por acá. Nos habéis hecho mucha falta a tu madre y a mí, hijo.
- - Yo también os he echado de menos, padre. No se imaginan cuanto. – y sus facciones se oscurecieron momentáneamente. Más antes de que alguien lo notara recompuso su sonrisa como si nada hubiese pasado.
- - ¡Emily, servidnos un poco de vino para brindar por el regreso de mi hijo! – ordenó Carlisle de manera efusiva. Estaba exultante de felicidad por tener a su único hijo de vuelta en casa. Pero de pronto le surgió una duda – Edward, no me lo toméis a mal pero decidme a que se debe esta visita inesperada.
- - El tercer año de derecho ha terminado y quise pasar unos días lejos de Londres antes de comenzar de nuevo, padre. ¿os he importunado?
- - Para nada, hijo. Siempre seréis bienvenido cuando quieras. Solo que me tomó por sorpresa vuestra visita. – respondió Carlisle antes de causarle una impresión equivocada.
- - ¡Señor Carlisle, la señorita Bella ha salido a cabalgar en Twilight! – era Sam irrumpiendo con súbita alharaca en la antes pacífica cocina.
- - ¿Y cómo demonios dejasteis que eso pasara, Sam? Vos sabéis mejor que nadie que esa bestia no estaba lista para ser montada. ¡Mucho menos por alguien tan frágil como Isabella!...
- - ¡Pero es que ella me mandó a decir con Leah..! – intentó explicarse el chico atemorizado. No era nada común ver a Carlisle fuera de sus casillas como estaba en ese momento.
- - ¡No me importa! ¡no debisteis dejarla ni aunque te amenazara con despediros! – bramó el hombre atemorizado ante la posibilidad de perder a quien él consideraba aun una chiquilla. “Su chiquilla”, pues él la había visto crecer y terminado de criar.
- - ¿Padre, explicadme por un momento cual es motivo de vuestra angustia? Hasta donde yo sabía, Isabella era una buena amazona.
- - Isabella sigue siendo una amazona extraordinaria pero el caballo en el que salió a pasear es nada más y nada menos que un Pura Sangre…- el joven se irguió en la silla ante la respuesta de su padre - …y lo peor del caso es que esa maldita bestia no se ha dejado terminar de domar. ¿Ahora podéis ayudarme a buscarla sin perder más tiempo? – exigió de manera firme y preocupada.
- - ¡Bella! – susurró palmeándole suavemente una mejilla. Pero esta seguía inconsciente. - Isabella, despertad. – exhortó con voz más fuerte pero nada que daba señales de escucharlo.
- - Tranquila, madre. No es más que un golpe. Ya veréis como dentro de un rato se recupera. – y se sorprendió a si mismo deseando con todas su fuerzas que tuviese razón.
- - Eso no podéis saberlo, cariño. – dijo mientras ayudaba a su esposo a bajarla del caballo con todo el cuidado del que eran capaces.
- - ¡No os toquéis! – dijo Esme con turbación pero con alivio a la misma vez mientras empapaba un paño en agua helada y lo colocaba en su frente que tenía algunos raspones. – Os has dado muy fuerte en la cabeza, mi niña.
- - ¿Nana? – graznó con voz pastosa - ¿Qué…pasó?
- - ¿Queréis saber qué pasó, Isabella? – intervino Carlisle con un tono claramente molesto.
- - Mi amor…- Esme quiso evitar que su esposo le reprochase algo a Bella en el estado en que se encontraba.
- - ¡No, Esme! Ella no es una niña. Y tiene que entender que cada acción tiene una reacción. – luego dirigió todo el peso de su mirada de padre ofendido hacia quien yacía en la cama; esta se encogió ante el gélido gesto y la mordaces palabras - ¿Queréis matarte, Isabella Marie? ¿Queréis hacer que nosotros – se refería a Esme y a él – paguemos por algo que os hayamos propinado? Porque no puedo recordar que pudo haber sido tan hiriente para vos que nos tratéis de esta manera.
- - Carlisle, yo no…quise herir a ninguno de vosotros. – se excusó Bella entre sollozos – Solo quería…
- - ¿Querías qué, Isabella? ¿Demostraros a todos cuán fuerte os habéis vuelto? ¿O que ya sois una mujer que se puede cuidar sola? Pues os digo mi opinión. ¡No sos ni lo uno ni lo otro! Seguís siendo la misma niña mimada de hace cinco años atrás atrapada en el cuerpo de una mujer de dieciocho años. ¿Me habéis escuchado bien? Te comportas como una infante, Marquesa Swan… - Bella se estremeció ante esa mención. Sabía que ninguno del matrimonio Cullen marcaba jamás esa diferencia de clases a menos que estuviesen sumamente molestos. Y definitivamente; este era el caso – Ahora descanse. Eso la mantendrá a salvo de usted misma; pues parece que ese es su mayor peligro. – y terminado su hiriente monólogo, el capataz que la veía con ojos de padre; salió de la opulenta habitación dando un portazo tras él.
- - Lo si… lo sien…- balbuceaba entre paroxismos de llanto.
- - Shhh. Ya pasó, mi niña. Lo importante es que estáis bien. – su nana trataba de calmarla pero no podía. No cuando Isabella podía percibir la preocupación de ella por el estado de ánimo de su esposo.
- - Buscadlo, Nana. Debéis decidle que lo quiero y que no deseo estar así con él. Decidle que lo quiero. – rogó casi de manera miserable.
- - Edward, cuídala por favor. Vuelvo en un momento. – y dicho esto salió de la habitación dejando solos a un par de almas que estaban destinadas a reencontrarse para poder hallarse a sí mismas.
- - Así que…¿Cómo os sentís, marquesa? – no sabía bien como dirigirse a ella después de seis años. Le parecía impropio llamarla por su nombre de pila después de que las cosas hubiesen cambiado tanto en su ausencia.
- - Un poco dolorida, pero bien. Gracias por preguntar. – su actitud fría le salía muy bien, pero la próxima pregunta resquebrajaría de alguna manera esa actuación perfecta - ¿Y…que os trae por aquí, Edward? Creía que estabais en Londres estudiando derecho.
- - Y así es, Marquesa. Solo que me tomé la libertad de venir unos días a Salisbury a visitar a mis padres antes de que empiece el nuevo año.
- - Oh, me parece bien. Sois bienvenido cuando queráis.
- - Gracias. Y…veo que ha…crecido, Marquesa…- él odió titubear ante esa caprichosa; no solo lo pensaba él sino también su padre se lo acaba de decir hacía apenas un momento; mostrando que se estaba creando una debilidad debido a su presencia.
- - Sí, supongo que ya no soy la pobre jovencilla de la que os mofabais cuando erais un adolescente imprudente.
- - Tenéis razón, Marquesa Isabella. Ya no sois la misma jovencita simplona de antes.
- - ¿Cómo os atrevéis a hablarme así?
- - Vosotros comenzasteis.
- - Seguís siendo el mismo barbaján igualado de siempre. – y dicho esto se levantó a trompicones de la cama para dirigirse hacia la puerta de su cuarto. Llamaría a Esme y le diría que se quedara con ella pues no soportaba a su igualado hijo.
- - ¿A dónde vais? – preguntó Edward divertido.
- - Eso no es de vuestra incumbencia.
- - Deberíais permanecer en la cama. El doctor dijo…
- - Me importa un bledo lo que dijo el doctor. – agregó Isabella de modo tenaz. Pasó a su lado y no pudo evitar estremecerse al sentir de manera efímera el calor emanado por ese cuerpo robusto que permanecía recostado de una de las columnas de madera que sostenía el dosel de su cama.
- - ¡Te lo dije! – acotó Edward, pero no con burla sino con preocupación mientras corría su lado.
- - ¿Se os ofrece algo, Edward? – preguntó la orgullosa marquesa.
- - No. Y no venía veros, señorita Swan. Solo pasaba a echarle un vistazo al vivero pues tenía mucho tiempo que no venía. – respondió el aparentemente seguro joven de cabellos broncíneos y apariencia de esfinge griega.
- - Yo…ya me iba…- dijo ella al ver que él no hacía ningún movimiento de irse.
- - Marquesa…- susurró a escasos centímetros de su cara - …su mantilla.
- - Soltadme, Edward. – exigió ella con muy poca fuerza de voluntad.
- - ¿Por qué, marquesa? ¿Acaso hago daño tocándoos? ¿U os molesta mi roce? – su voz era desafiante aunque por dentro estaba rezando porque lo contradijese. Que admitiese que se sentía atraída por él aunque no con la misma fuerza con la que él había descubierto que la quería. Dudaba que eso fuese posible; y más tratándose de alguien se su condición de noble.
- - Ah… no…pero…pero no me gusta…
- - ¿Por qué?
- - Porque…
- - ¿Por qué soy muy poca cosa para tomar esta clase de atrevimientos?
- - ¡No os comportéis como un necio, Edward. Por favor! Todos los que me conocen saben que no soy así. – dijo ella desprendiéndose de su agarre con obstinación.
- - El problema es que yo no os conozco, Marquesa. – y de pronto el tono de Edward tuvo un doble filo. Y al menos uno de ellos derretía las defensas de Isabella. – Pasaron muchos años y ahora me encuentro ante una mujer totalmente diferente a la que dejé. Y también más fascinante.
- - Queréis tomarme el pelo. – agregó ella. No fue una pregunta sino una afirmación, ella lo dio por sentado de inmediato. – No os permitiré que os moféis de mí. Antes muerta.
- - Véame a los ojos, Marquesa y dígame sinceramente si cree que os estoy tomando el pelo. – él se lamentó de decir lo que lo dejó en tan clara evidencia.
- - Yo…yo…- titubeó ella pero no tuvo tiempo a decir más nada, pues unos labios agresivos se apropiaron de los suyos.
- - Dejadme ir, Edward. Os ruego, por favor. – graznó ella. Sabía que un minuto más a su lado y mandaría lejos su cordura y autocontrol; y el vivero no era el mejor lugar para eso.
- - ¿Os he ofendido, Marquesa? – para sorpresa de ambos él lo preguntaba en serio.
- - No sé que me habéis hecho, ni tampoco me gusta. Pero sé que no puedo resistirme y ya estoy harto de luchar conmigo mismo.
- - ¿En qué pensáis, Marquesa? – susurró Edward que se encontraba sentado a su lado en medio del pasillo de los lirios; allí se encontraban desde aquella tarde de su primer beso.
- - Sabéis bien que odio que me llaméis así. No soporto que haces esa referencia. – le dijo Bella con cierta irritación en la voz.
- - Disculpadme, Bella. Solo quise hacerme el gracioso. – hizo un gracioso intento de puchero para causarle risa. Y lo logró.
- - Pues no os funcionó muy bien que se diga.
- - Creo que sí, puesto que os estáis riendo ahora.
- - Solo por la mueca extraña que acabáis de hacer.
- - ¿Así que os estáis mofando de mis muecas? Debéis pagar por semejante ofensa. – y dicho esto le besó en los labios con divertida pasión, y que poco tiempo después se volvió demasiado efusivo, demasiado demandante.
- - Edward, debéis controlaros. Nos pueden encontrar...
- - ¿Os da pena que os encuentren junto a mí, Bella? – preguntó él demasiado serio. Reviviendo unos demonios que él creía desterrados pero que seguían en su interior.
- - No, Edward. Temo que por encontrarnos en unas condiciones como estas puedan separarnos. Jamás me avergonzaría de enseñar ante el mundo que te quiero.
- - ¿Qué pasa? ¿En qué pensáis? - dijo ella harta de estar en silencio.
- - En vuestro futuro. Y en el mío. Jamás aceptarán que estemos juntos, la única manera es hacerme un nombre como abogado…
- - Miradme, Edward. ¿Acaso creéis que a mí me importa un diablo lo que diga la sociedad? ¿Si os consideran digno de mí? Mi título no es más que una herencia de alguien a quien yo no les importé en lo más mínimo, así que ¿Por qué abría de incumbirme lo que digan los demás? Te quiero…- y le tomó en rostro entre sus manos. Edward volvió su cara para depositar un beso en una de sus palmas y volvió a mirarla – y nada más que eso me importa ¿Podéis entenderlo?
- - Puedo. Y yo también os quiero, Isabella Marie Swan. Aunque el destino haya querido que naciéramos en mundos diferentes, aunque no sepa con qué me vaya a enfrentar a causa de esto y aunque pierda mi alma por esto que siento; no puedo negar que me he enamorado de vos.
- - Debemos irnos. – dijo él.
- - No comprendo de que os ríes, Bella. Es solo lluvia. – comentó Edward mientras se sacudía las gotas de agua de su cabello.
- - Hacía mucho tiempo desde que no me mojaba con la lluvia, había olvidado que me gustaba tanto. – comentó ella mientras recordaba su infancia.
- - Tenéis razón. Recuerdo que os gustaba mojarte cada tres por dos y vuestra madre os reprendía con frecuencia.
- - ¿Estáis segura de que esto…pase, Isabella? – y aunque aceptaría su decisión fuese la que fuera, deseó con todas su fuerzas que no lo rechazase pues el deseo por ella lo estaba atormentando cada maldita noche que tenía que pasar solo en su habitación mientras cerraba los ojos y parecía sentirla y hasta verla en todos lados. Esa mujer lo había trastornado.
- - Estoy segura, Edward. Es solo…que no sé nada de esto…yo…
- - Shhh…- él le colocó un dedo en los labios para acallarla – No se trata de saber, se trata de sentir. Y yo me encargaré de que me sientas hasta lo más profundo de tu ser. – en su voz se marcó la impronta de un juramento.
- - Os amo.- dijo él mientras descendía por la curva de cuello.
- - Os amo. – dijo ella mientras restregaba impúdicamente contra el bajo vientre se Edward.
- - Edward…un poco más fuerte. – gimió.
- - No quiero… haceros daño. – respondió él débilmente a causa de la excitación.
- - Sé que no lo haríais…pero por favor, tómame con fuerza.
- - ¡Bella, apuraos! El Conde tiene más de diez minutos esperando por voz en la sala y debe partir pronto hacia Londres. Deberíais tratar de ser un poco más considerada, mi niña. – expresó Esme, quien optó por tomar el cepillo y las horquillas para terminar de peinarla. Ya que ella parecía muy poco dispuesta a cooperar.
- - No es mi deseo hablar con el conde, Nana. no lo quiero. – replicó ella.
- - Pues es un excelente partido para ti. Seríais una tonta si lo rechazarais. Él se ve muy prendado de vos.
- - No me interesa.
- - Bella, solo dadle la oportunidad que os declare sus sentimientos y luego toma vuestra decisión. – pidió Esme en tono maternal.
- - ¿De quién es el carruaje aparcado en la puerta, madre? – preguntó Edward mientras desayunaba en la cocina.
- - Es del Conde Jacob William Black, cielo. Es el pretendiente de Isabella. ¿No lo sabíais?
- - ¿Qué hace aquí? – preguntó entre dientes.
- - Creo que finalmente se decidió a pedirle matrimonio. Es un chico espectacular y de muy buena familia, obviamente. Creo que no hay mejor para Isabella que él. Es atento, caballeroso, y muy guapo; pero lo más importante es que parece quererla. Así que no veo porqué ella podría rechazarlo.
- - ¿Cuál es vuestro problema, infeliz? – bramó el Conde iracundo.
- - Mi problema se llama Isabella Marie Swan de Salisbury. ¿Le suena conocido ese nombre, Conde?
- - ¿Lo conozco? – dijo un poco temeroso. No sabía con que finalidad se le había acercado ese individuo en aquel estado de irritación.
- - No, pero yo a usted si. ¿No sois acaso el esposo de la Marquesa de Salisbury? – jamás le había costado tanto decir unas simples palabras al ahora célebre “Caballero de Acero”, famoso por ser implacable durante los juicios a los que se enfrentaba.
- - No. – respiró un poco más tranquilo el interpelado – No lo soy. Le propuse matrimonio, no una sino tres veces y siempre me rechazó. Os puedo asegurar que no entiendo el motivo por el cual…- él pareció pensar por un segundo mientras que una expresión sombría embargaba su cara - ¿Acaso es usted Edward Cullen?
- Si. Era el asombrado y atónito Edward Anthony Cullen. El que escapó del lado de la mujer a quien amaba con la esperanza de que la siguiese con su vida y por lo visto se había equivocado.
- - Si…- balbuceó aun incrédulo de lo que había escuchado - ¿Por qué?
- - Porque la misma Marquesa de Salisbury me explicó los motivos por los cuales no me aceptaba. Y el motivo fue usted, caballero. Aunque creo que el título le queda grande. – dijo Jacob en tono mordaz.
- - Me gustaría saber el porqué de vuestras suposiciones, Conde. – dijo Edward a sabiendas de que se merecía eso y más.
- - Ella me explicó en más de una ocasión que era por vuestra causa que no podía contraer nupcias conmigo puesto que estaba enamorada de vos; pero claro; os largaste dejándola sola y triste. Espero que se haya recuperado y que haya rehecho su vida; pues ninguna mujer merece ser tirada como vos la dejasteis a ella. – voz era tan amenazante como filosa. Edward comprendió que aun sentía aprecio por ella y no le sorprendió los celos que eso le causó.
- - ¡Dejarla fue lo más difícil que he hecho en mi vida! No sabéis lo que estáis hablando y os prevengo…no os permitiré que me juzguéis. No conocéis el motivo de mis actos. – le gruñó entre dientes, tratando de luchar con las lágrimas que pugnaban por salir.
- - No os juzgo; eso le corresponde hacerlo a Isabella. Y sinceramente espero que no os perdone. Hasta nunca, Caballero de Acero. – y por primera vez en su vida, Edward odió su sobrenombre. Y luego se dio cuenta de que realmente su fama lo precedía.
- - Leah, decidle a Carlisle que necesito verlo. Que traiga los últimos informes tanto de mi contador como de mi abogado. – musitó Isabella tal cual el yermo en que se había convertido desde hacía tres años atrás.
- - Isabella yo…- dijo él con el alma en vilo.
- - Salid de aquí Edward, antes de que llame a los mozos para que te saquen a rastras de mi vista.
- - Sabéis bien que no deseas eso. Primero que nada deseas una explicación de mis acciones y yo deseo dártelas. Segundo tienes toda la potestad para echarme pero solo accederé a irme luego de haberme explicado. – expresó seguro de sí mismo. Pero eso era solo en apariencia; pues por dentro rogaba a la corte celestial que pudiese disculparlo. Si no lo hacía…él ya no sabía de que sería capaz.
- - No pretendáis conocerme a estas alturas del partido, Caballero de acero. No soy la misma niña ilusa que dejasteis luego de usarla. No conocéis en lo que me he convertido.- agregó Bella con una sonrisa tan carente de alegría que le heló las venas.
- - Pues lo intentaré nuevamente; tal cual lo hice un tiempo atrás. Y confío que si fui capaz de conquistarte en ese entonces. Hoy frente a frente y con la verdad en mano sé que aunque no me quieras a tu lado, entenderás mis razones.
- - No estéis tan seguro de ello.
- - Ya veremos; Marquesa mía. Ya veremos.